El chico de las estrellas, versión criolla || Relato.🌟⭐️✨💫
Aquel noviembre de 2019 Lucas lo recuerda como un año “ni fu ni fa”, lo que en el argot popular venezolano significa algo que no es ni bueno ni malo, aunque el 2019 fue año de importantes cambios para Lucas y su familia el no veía esos cambios como algo muy bueno, al contrario, estaba cansado de ese tipo de vaivenes, en específico el de tener que mudarse de casa cada cierto tiempo y eso implicaba que su vida cambiaba inevitablemente en un santiamén; un día vivía en cierto lado de la ciudad, que no es tan ciudad porque se queda en un limbo entre ciudad y pueblo, y al día siguiente ya estaba durmiendo en otra habitación de una casa distinta, con ubicación, distribución, y un entorno distintos, en fin, era como empezar una nueva vida regularmente, con amigos nuevos, vecinos nuevos y todo nuevo desde cero. Lucas ya estaba cansado de todo eso, cada vez que se tenían que mudar le entraba una exasperación que ¡válgame dios! Terminaba culpando irremediablemente a su padre porque después de que este se separó de su madre decidió que quería la mitad de la casa que “le correspondía” sin pensar que habría sido mejor dejar que sus hijos siguieran viviendo bajo un techo propio como casi siempre pasaba en estos casos, pero así estaban las cosas para Lucas, no tenía más remedio que mudarse y empezar de cero nuevamente aunque esto le provocara en lo más mínimo. Un día Lucas leyó un libro, “El chico de las estrellas” y de inmediato se identificó con el personaje, y si han leído el libro sabrán por qué lo hizo, Lucas era un chico de las estrellas muy real, aunque de un estilo más cotidiano.
Finalizaba el 2019 y Lucas no tenía muchas expectativas con el 2020, después de todo lo único que podría esperar con seguridad era un camión con una nueva mudanza. Curiosamente algo cambió en Lucas, se dio cuenta que los cambios de su vida ciertamente no dependían precisamente de él pero lo que si podía cambiar era la forma en que asimilaba esos cambios y como seguir andando a pesar de ellos, así que poco a poco, como el morrocoy, Lucas fue cambiando su forma de pensar y también de ser, aunque con esta última no se daba cuenta, el pobre siempre despistado. Tanto fue el cambio que nuestro muchacho se propuso a si mismo trazarse nuevas metas para el año que tenía por delante, decidió que a partir de ese momento empezaría a valorar más las cosas, las que tuviera y las que no, y se prometió que trataría de ver el vaso medio lleno y no medio vacío, fue así como Lucas empezó a tejer su plan de acción que estaba lleno de un idealismo y una ilusión propia de los jóvenes y que es de admirar, este nuevo chico de las estrellas criollo conseguiría un nuevo trabajo y si era posible que estuviera relacionado con una de sus pasiones a la que se dedicaría más, dibujar, y de paso empezaría a buscar una carrera para estudiar nuevamente, en este punto es bueno aclarar que anteriormente Lucas había estado estudiando en la universidad aunque sin mucho éxito, tanto fue así que la dejó; en fin, Lucas había hechos sus apuestas y tenía sus esperanzas puestas en el nuevo año, eso era cayendo y corriendo, nada más comenzar 2020 y dedicarse de lleno a lo que se había propuesto.
Comienza el 2020, un año lleno de muchas expectativas, el 2020 es como las quinceañeras de los bailes, a las que todo el mundo espera y ya tienen ganas de ver, y de bailar con ella. Todos tenían algo que esperar del 2020, los Juegos olímpicos de Tokio por ejemplo (Imagínense la ceremonia de inauguración que montarían los japoneses), el simple hecho de que el 20 se repitiera en un año le daba el clima expectante que ya tenía; Enero comienza y con el arrastra su inherente letargo de los primeros de días del año, que se extienden hasta casi finales de mes, Lucas comenzaba el año como se lo había propuesto pues ya había conseguido un nuevo trabajo, cosa que le motivaba aún más porque aunque no era el trabajo de sus sueños y al que no quería dedicarse toda la vida era un trabajo después de todo y si podía conseguir eso podía conseguir más; se va Enero y el meloso Febrero se instala como perro por su casa, Lucas sigue con su empresa y no desiste ni piensa hacerlo, y es que en su interior el cambio es tan drástico pero al mismo tiempo positivo que empieza a notarse por fuera, se le ve mejor semblante y una mejor actitud, él mismo se sentía en ese momento invencible. Pobre Lucas, no podía tener ni la menor idea de lo que se avecinaba…
Figúrense el chichón que le quedó a Lucas en la frente cuando se pegó un coña** con la dura realidad que trajo nuestro querido Marzo de regalo (no es culpa del pobre Marzo señores, no se ensañen), finalmente el conocido Coronavirus que venía resonando ya hace tiempo se convertía en Pandemia y pisaba tierras Venezolanas, como Cristóbal Colon que viajó de un lado del mundo a otro. A consecuencia de la pandemia Lucas perdió el trabajo, ese Lucas… Más salao que chigüire seco, como dirían por aquí. Imaginen quedar sin trabajo en plena situación tan apremiante por no decir otra cosa, pero en fin han pasado los meses y Lucas sigue prácticamente en la misma situación aunque curiosamente su ánimo no ha decaído y su actitud no ha cambiado, al parecer Lucas entendió que “no hay mal que por bien no venga” como dicen las abuelas, a los venezolanos no se les conoce precisamente porque se rindan a la primera, aunque la situación política y social no sean viva muestra de ello pero eso es harina de otro costal. A lo mejor lo que Lucas dedujo es que incluso de aquello que sea malo y negativo se puede obtener algo siquiera mínimamente bueno y positivo, o a lo mejor Lucas no es tan filosófico pero igual entiende bien ese dicho que dice: “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”…