Hola apreciados #Hivetastics, espero que estén teniendo una buena semana. Últimamente he estado reflexionando un poco acerca de lo que está ocurriendo en el mundo, por un lado en muchos lugares se ha ido flexibilizando el confinamiento hasta tal punto que han retornado a esa “nueva normalidad” de la que tanto se ha hablado y que tiene como principal bandera el distanciamiento social necesario para evitar rebrotes, hasta cierto punto algunas economías mundiales han recuperado poco a poco cierta estabilidad que ha sido como una bocanada de aire fresco pero lo más importante es que se han roto algunas barreras que nos distanciaban y hemos vuelto a la calidez del abrazo y a la vitalidad que nos proporcionan los lazos y vínculos que nos unen a otros.
Paradójicamente por otro lado ha sucedido lo contrario, los rebrotes y el alza en el número de contagios han endurecido el confinamiento o incluso lo han alargado en algunos países como Venezuela y otros de la región latinoamericana, en el caso de Venezuela ya llevamos 20 semanas de confinamiento, han sido 20 semanas duras llenas de gran incertidumbre y temor donde han aflorado sensaciones que antes desconocíamos, las economías de nuestros países poco a poco decaen de forma inevitable, al igual que el ánimo en general y en este caso la luz al final del túnel aún se percibe un poco lejana.
Recapacitando un poco sobre lo que está pasando me he dado cuenta que hay muchas cosas que se han vuelto recurrentes en nosotros, me refiero a cosas que ineludiblemente las podríamos catalogar como negativas, hablo del temor, el estrés, la nostalgia, la incertidumbre y así muchas más, y es así como me doy cuenta que últimamente no hay lugar entre nosotros para otro tipo de cosas más positivas que nos distraigan un poco del tema covid-19 y de esa forma nos ayuden a sobrellevarlo mejor, además de que nos impulse a ver las cosas de otro modo para sacar el mayor provecho de todo esto.
Se me hace un poco difícil pensar en algo positivo que podamos obtener de todo esto pero eso no significa que no lo haya, lo primero que se me ocurre es la gratitud y su gran poder sobretodo en circunstancias como estas, sé que es complicado ser agradecido en momentos donde muchos pierden la vida, algunos pierden sus familias y otros pierden sus trabajos y sus formas de vida pero humildemente creo que pese a todo esto todavía podemos sentir cierta gratitud, principalmente por el hecho de que seguimos no solo vivos sino en pie, dando la cara a esta oscura situación, además somos sobrevivientes y aunque hemos perdido muchas cosas (y esto lo digo de forma general porque todos, de una forma u otra, hemos perdido algo) aún estamos de pie ante la adversidad. Afortunadamente muchos han sacado lo mejor de sí y han antepuesto el bienestar de otros antes que el de ellos mismos, a estas personas algunos los llaman héroes pero yo prefiero pensar en ellos como la esperanza personificada (aunque suene muy idealista) pues me hacen sentir que aún tenemos oportunidad de rectificar nuestros errores como sociedad además de que son para mí la señal de que el cambio que tanto esperamos y por el que tantos han trabajado por fin está comenzando a suceder, por todo esto creo que aún hay razones para ser agradecidos.
Hace mucho tiempo tengo una forma de ver las cosas y al mismo tiempo de asimilarlas y hacerles frente, esto no lo logre de una forma empírica sino que por el contrario lo aprendí con el típico ensayo y error, no hay mayor dificultad en esto, se trata más bien de una sencilla gratitud. Me di cuenta que todo se torna un poco mejor cuando somos agradecidos y hacemos de la gratitud un hábito recurrente, comprendí que por muy difíciles que se pusieran las cosas o incluso por muy “mala” que fuese la situación en ese momento tenía que ver las cosas desde un ángulo distinto y sentir siquiera un poco de gratitud porque las cosas fueran de esa manera ya que tal vez en ese momento no lo vería pero quizás más adelante quedaría demostrado que la forma en que todo ocurrió era exactamente como tenía que suceder por lo tanto debía obtener algo positivo incluso de aquellas cosas que no lo fueran, fue así como poco a poco fui aprendiendo y haciendo de la gratitud una forma de vivir y de ver las cosas, a partir de ahí aprendí a vivir con la realidad de las situaciones, me gustasen o no.
Por todo esto creo que en estos momentos ser gratos no es sinónimo de idealismos o falsas esperanzas, todo lo contrario, es una forma de alivianar las cargas y retomar el impulso para seguir adelante sacándole el mayor provecho a lo que estamos viviendo y de esa manera asimilar de buena forma la dura realidad que nos tocó enfrentar.
¡Gracias por leer mi post! Espero que lo disfruten.
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