“A quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos”.
Esa famosa frase forma parte del argot venezolano, por años las abuelas y madres la han utilizado en un tono jocoso para referirse de una forma un poco cruel al hecho de tener o no niños en la familia, precisamente ese es mi tema de hoy, los niños, esos pequeños seres llenos de vida y alegría que son el reflejo puro de la inocencia humana, y a su vez nuestra mejor esperanza frente al futuro que nos aguarda.
Desde hace muchos años estoy en continuo contacto con niños, cuando tenía apenas once años mi hermano me hizo tío, mi primer sobrino bien podría haber sido mi hermano menor pero no lo era, ahí comenzaba mi aventura con los pequeños; luego dos años más tarde mi papá nos sorprendía al regalarnos a mi hermano y a mí una nueva hermanita, que era menor que yo por trece años y que encima era menor que su sobrino, un poco enredada la cosa pero así estábamos, luego más tarde siguieron viniendo sobrinos y nuevos pequeños a la familia al punto de que hoy son 6 pequeñines los que constantemente le quitan cotidianidad a nuestros días.
Cuando tenía 15 años comencé a hacer un curso de recreador infantil cosa que me llevó al mundo de la diversión infantil, terminé el curso y de forma inmediata comencé a trabajar con la empresa que me había instruido como recreador así que de pronto me convertí en la figura modelo de niños que no conocía pero que tenía que entretener y velar por ellos para que en una semana se sintieran como los niños más felices del mundo en los planes vacacionales que nuestra empresa organizaba. De esa forma cultivé mis conocimientos en cuanto a los niños, fueron varios años de increíbles experiencias donde los pequeños eran el eje de todo.
En el momento en el que te rodeas de niños aprendes a entenderlos, empiezas a ver de otra forma lo que hay detrás de sus actitudes y sus excéntricas personalidades, muchas veces uno empieza a copiar de forma involuntaria algunas cualidades de los pequeños y lo más importante es que entiendes que detrás de su naturaleza se esconden numerosas enseñanzas y algunas actitudes que los adultos deberíamos copiar, se podría pensar que los niños son una fuente inagotable de enseñanzas para los más grandes. Cada niño, como cada persona, representa un universo infinito de posibilidades y sentimientos que moldean su personalidad, en el caso de los pequeños aumenta un poco la complejidad el hecho de que estos “no cuentan” con la madurez mental de los adultos, además de que sus formas son mucho más extrovertidas, impredecibles e incluso mucho más efervescentes que las de una persona madura y esto hace un tanto complejo el hecho de poder entenderlos o incluso saber tratarlos.
Dejando de lado la comprensible inmadurez mental de un niño creo que hay una característica que es común para todos y que para mí es el mayor rasgo distintivo por el que deben ser siempre conocidos, por supuesto estoy hablando de la inocencia; hablar de niños es de manera inevitable hablar de inocencia, como un extenso bosque virgen y sin explorar, de esa forma me gusta definir la inocencia de la edad infantil ya que eso es lo que es para mi, una hermosa virtud que los define pero que sobretodo forja sus talantes y los caminos que formaran con estos. La inocencia de un niño le permite ver las cosas de una forma que a los adultos nos encantaría tener, esa inocencia que hay en el alma de los niños les permite apreciar en los demás las cosas positivas de estos sin distinciones y sin espacio para la discriminación y además los dota de una irrenunciable franqueza sin olvidar que los torna seres increíblemente nobles y en muchos casos admirables.
Sin duda alguna fue esta inocencia lo que me cautivó de los más pequeños y me llevó a compartir con ellos por varios años, incluso hoy sigo admirando la nobleza que hay en sus actos y me sigo sorprendiendo al descubrir cada vez más lo hermoso de sus expresiones, de igual forma estoy convencido en que sin duda alguna debemos esforzarnos por los niños pues si les garantizamos un buen futuro este será esperanzador, creo que entiendo porque a mucha gente le gustaría volver a la edad infantil, creo que encuentran en ella un refugio para tanta volatilidad además de proveer una inagotable fuente de calma y despreocupación, muy apreciada por estos días.
El es de los últimos de los pequeños de la familia, se podría decir que es el mas travieso xD Pero es súper adorable.
Mi último sobrino al nacer:3 Dan ganas de abrazarlo siempre.
Las fotos pertenecen al album personal del autor.
¡Gracias por leer mi post! Espero que lo disfruten.