En su última noche velo, cuando ya estaba casi vacía la sala del velatorio, el miraba a su difunta esposa con lágrimas en sus ojos, mientras pasaba su mano suavemente sobre el cristal esperando tocar el dulce rostro de su amada y mientras lo hacia murmuraba: "No dejaré que esto nos separe"
Al día del entierro, los hombres con ma fuerza cargaban el ataúd para llevarlo al cementerio, mientras que uno de ellos se quejaba:
- ¿¡Esta mujer tan flaca como pesa tanto.!?
este ataúd pesa como 200 kilos. -Decía otro de los hombres.
¿Donde estará el esposo para que cargue este ataúd? -Decía un tercer hombre.
-Yo no lo e visto. -Dijo el primer hombre.
-Nadie lo a vuelto haber desde anoche - Exclamo una viejita.
-¿Sera que le paso algo.? - Se decían entre si.
-De seguro ya debe estar acostándose con otra. -Dijo la viejita solo para que la escucharan.
-No creo. El amaba a su mujer y jamas le haría algo así, aún después de la muerte el la ama y seguirá amando. - Dijo el primer hombre.
Cuando llegaron todos al cementerio, abrieron la urna para despedirse por última vez. Al abrirlo vieron al esposo junto a su amada con una carta que decía: "No dejaré que esto nos separe"