Conocida como ‘la pequeña Suiza soriana’, no sólo por el notable verdor de sus pastos, situados a la vera de la impresionante Sierra de Cebollera, sino por ser, además, una de las mayores productoras de leche y mantequilla de la provincia, la pequeña población de Tera, conserva, casi inadvertidos, vestigios y recuerdos de un pasado rico en misterios, sobre los que merece la pena detenerse unos instantes y dejar vagar esa formidable herramienta literaria, que después de todo, es la especulación.
Puestos a especular, entonces, no deja de ser notablemente interesante, comenzar señalando que su nombre nos sugiera, de inmediato, una posible conexión, al menos fonéticamente hablando, con esa mítica isla de igual nombre, situada ciento diez kilómetros al norte de Creta, con la que comparte, así mismo, una más que ancestral predilección por la figura de un animal bravío, cuya presencia –independientemente de las controversias que pueda generar en la actualidad- continúa estando muy presente todavía en sus principales fiestas y tradiciones: el toro. Tiene, además, el vocablo ‘tera’, un significado inquietante, que no es otro que ‘miedo’, si bien en la lengua de Homero, sus antiguos habitantes la denominaban ‘kalliste’; es decir, ‘la muy hermosa’, detalle que también podría aplicarse a este pequeño y digno solar.
Anécdotas aparte, Tera también es el nombre de uno de los ríos, que fluyendo alegremente en dirección a la capital soriana, se funde en un estrecho abrazo con el Duero. Sucede tal metafórico matrimonio, a la altura del cercano término de Garray, ciudad en cuyo altozano se localizan las ruinas, parcialmente recuperadas –buena parte de ellas, se encuentran dentro de los límites de la finca de la poderosa familiar Marichalar- de la mítica ciudad de Numancia, cuya épica resistencia a los embites de las legiones romanas de Escipión, ha perdurado en la memoria de la Historia, además de como un alegato a la libertad, como un ejemplo notable de valor y sacrificio.
Tera tiene una iglesia, de cuyos orígenes románicos todavía sobreviven algunos elementos, si bien la práctica totalidad de su primitiva fábrica fue remodelada y alterada en siglos posteriores al XIII, periodo en el que más o menos comenzó a manifestar sus carencias y obsolescencias, viéndose relegado por ese otro fantástico arte gótico, del que Goethe manifestaba que ‘aspiraba a Dios en las alturas’. Curiosamente y por añadidura, dicha iglesia tiene por advocación a una figura, la Virgen del Carmen, asociada, eminentemente, con ambientes marinos -¿residuo, quizás, de míticos, odiséicos viajes que han perdurado en la memoria colectiva de los pueblos o en ese inconsciente al que hacía referencia C.G. Jung?- siendo patrona por excelencia de navegantes y marineros. Dejando a un lado la parte sobreviviente de una escultura románica, que muestra en los diseños de sus canecillos rostros burlones e impertérritos, una de las curiosidades añadidas, es la parte de un antiguo menhir o quizás de un dolmen, que debieron de ser abundantes en la zona, utilizado como relleno en la pared lateral izquierda de su interior.
Otro dato interesante, lo constituyen las antiguas referencias a la presencia en el lugar o en sus cercanías de un antiquísimo monasterio prerrománico, del siglo IX, del que ya no queda rastro alguno, a excepción de algunos escasos elementos –como cruces de punta florenzada y canecillos- reutilizados como adorno en las fachadas de algunas casas particulares cercanas a la iglesia e incluso dentro de ésta, muy cerca de donde se ubica el menhir o la pieza del antiguo dolmen, una cruz de aspecto prerrománico. El nombre del monasterio, Santa María de Tera, recuerda una similar advocación, de otro que establecido en la vecina provincia de Zamora, del que apenas sobrevive la iglesia: Santa Marta de Tera.
De su historia más o menos conocida, se sabe que la zona fue reconquistada en el año 926 por el rey navarro García Ramírez; que como muchos otros lugares, sufrió también las terribles razzias de Almanzor; que volvió a ser reconquistada, al cabo de una cincuentena de años, por el rey Alfonso VI, quien con posterioridad, la cede al monasterio de San Millán de la Cogolla, pues no olvidemos que Tera está situada en las proximidades de La Rioja, tierra excepcionalmente rica en historia y tradición.
Localización:
Tera es un pueblo perteneciente a la provincia de Soria, Comunidad Autónoma de Castilla-León, España.