Desde pequeña siempre había tenido sobrepeso. Ser la más gordita del salón de clases o estar entre una de las más gorditas, nunca fue mi preocupación. Ni siquiera en la adolescencia que, generalmente, la juventud se fija más en su apariencia física. No fue mi caso. Lo mío era ser feliz así fuese gordita. Y no lo puedo negar: siempre me han gustado las chucherías, refrescos y comida chatarra. Debo ser sincera.
Por supuesto, nunca faltaron las etiquetas o ese momento incómodo de ir a comprar ropa y que no hubiese de mi talla o que me quedara siempre la talla más grande. Quienes lean esto creerán que fui una obesa mórbida (aquellas personas con sobrepeso elevado más allá de los 130 kilos), pero no. Gracias a Dios no caí en ese riesgo de salud. Porque sí, la obesidad es un riesgo para la salud.
Foto por: Lenys Carolina Martínez Noguera
La primera alerta que me arrojó mi cuerpo fue a principios del año 2014. Empecé a sentir una presión en la parte baja de mi vientre con menstruación un mes sí y otro no. En aquel entonces uno de mis tíos maternos estaba batallando contra un cáncer de páncreas que acabó con él el 10 de marzo. Su muerte, que fue dura para toda la familia, me dio un sacudón porque me llevó a pensar: ¿Y si tengo cáncer de ovarios, útero, etc? Aunque el miedo se apoderó de mí, una de mis compañeras de trabajo me recomendó a su ginecólogo y acepté una revisión médica el 1 de abril de 2014. Un día después de mi cumpleaños nro. 33.
El Dr. no encontró nada extraño, pero me recomendó ipso facto rebajar de peso y a su vez me remitió a un endocrino. Fui a la consulta con el especialista en endocrinología, palpó mi cuello, detectó unos nódulos en mi tiroides y por supuesto me mandó a realizarme los exámenes especiales de rigor. Diagnóstico: Obesidad tipo II, tiroiditis crónica.
Caminar una hora diaria y dieta. Esa fue la orden.
Perdí aproximadamente 10 kilos entre junio y septiembre. Llegaron mis vacaciones laborales, me desentendí de la dieta, luego vinieron mis vacaciones decembrinas… en conclusión: no volví a la consulta con el endocrino.
Transcurrieron los años 2015 y 2016. Si bien no regresé a los 119 kilos iniciales, tampoco me encontraba por debajo de 100.
Mi cuerpo volvió a hacerme un llamado de atención a mediados del año 2017: menstruación dos veces en el mes de junio. ¡El acabose dije yo! Por supuesto regresaron los fantasmas mentales que me atormentaron a principios del 2014. Pero no podía seguir con el temor y nuevamente fui al médico. ¿La respuesta? ¡Adelgazas o adelgazas! “Hazme caso, chica”, dijo mi endocrino, el Dr. Oswaldo Obregón, un señor algo gruñón pero buena gente.
Desde ese entonces tomé conciencia de mi vida, cumpliendo lo mejor que puedo para tener una mejor salud. Las recomendaciones fueron las mismas: caminar una hora diaria y la dieta. Tenía 101 kilos en mi ser. ¡Tenía que hacer algo por mí! ¡Amarme!
Entre julio, agosto y la primera semana de septiembre solo perdí 3 kilos. ¡Fatal! En la consulta de control que tuve el 8 de septiembre, Obregón me dijo: “¡Ponle entusiasmo!”. Esa frase me hizo sentir frustrada porque pensé que él creyó que yo no le estaba poniendo ganas a la cosa. Eso fue un viernes. El lunes 11 de ese mes, me inscribí en un gimnasio cerca de mi casa. ¡Lo mejor que hice! Desde septiembre hasta diciembre había logrado perder 15 kilos (sin sumar los 3 kilos iniciales antes de empezar en el gimnasio). Felicidad total.
El cambio lo noté primero en la ropa y en la energía corporal, no tanto frente al espejo pero sí esa diferencia lo notaban los demás. En el mes de diciembre, una de mis tías me hizo el favor de arreglar mi ropa, metiendo y cortando en los laterales de jeans y camisas para empezar a lucir mi cambio.
Hoy van 22 kilos menos y le doy gracias a la vida por haberme permitido tomar conciencia, también le doy infinitas gracias a mi mamá y al resto de mi familia por el apoyo.
Foto por: Lenys Carolina Martínez Noguera
No puedo dejar de mencionar a la disciplina spinning, mejor conocido como ciclismo de salón, por haberle dado ese plus a mi vida. Ya es parte de mí.
Foto por: Lenys Carolina Martínez Noguera
Varios dicen que soy motivo de inspiración y me sonrojo. Pero si el inicio de mi cambio, sirve para impulsar a otros a tener una mejor calidad de vida, pues que así sea.