Foto por: Lenys Carolina M.N.
Siempre me emociona visitar nuestros colegios por sus ubicaciones: sectores populares, algunos de difícil acceso y otros no tanto. ¿Por qué escribo esto? Porque ellos junto a sus maestros superan cualquier cantidad de obstáculos para salir adelante así el colegio esté en lo más alto de una colina.
Hoy no tuve la oportunidad de fotografiar los rostros de los chiquitos, sino a algunos de los más grandecitos. Ojo, no soy fotógrafa profesional, pero mi oficio me permite hacer tomas para nuestro registro multimedia. Se hace el esfuerzo, créanme.
Sin embargo, en esta ocasión, no fue un rostro lo que me impactó, sino unos piecitos que se asomaron en la parte inferior del portón azul del colegio ubicado en Petare, estado Miranda.
Eran unos piecitos descalzos y sucios. Le pedí a la portera que abriera el portón para ver la cara de ese pequeño: un morenito de dulce mirada y unos cachetes que provocaba apretar. Tenía el torso desnudo, mientras que sus piernas estaban cubiertas con pantaloncillos azules.
Foto por: Lenys Carolina M.N.
-¿Cómo te llamas?, le pregunté.
-“Pepo”, dijo.
-Pero tú no te llamas ‘Pepo’, tú debes tener un nombre, le dije.
-“Pepo”, volvió a decir.
La portera interviene y me dice: “Así le dicen”.
-A ver Pepo, ¿cuántos años tienes?, le pregunté.
Levantó cuatro deditos de su mano derecha.
-¡Qué bien, tienes cuatro años! ¿Te puedo tomar una foto?, le pregunté.
Asintió con la cabeza, se quedó paradito a un lado del extremo del portón y esperó el clic de la cámara.
La portera nuevamente me aborda y me informa que el niño vive a unas cuantas casas del colegio.
“Pepo”, el de la dulce mirada se retiró del lugar.
Me impresionó que Pepo estuviese tan descuidado.
Me impresionó que Pepo no estuviese en un salón de clases de Educación Inicial.
Me impresionaron los piecitos y manitas tan maltratados.
¿Cuántos Pepos de dulce mirada existirán en otras partes de mi Venezuela?
Foto por: Lenys Carolina M.N.