Una semilla sembré
en el piso de tu corazón,
sin dudar, era el único lugar
donde podía florecer mejor,
si crecía, moría o se mantenía para toda la vida sana y fuerte sin rencores
todo dependía de cómo la cuidaría.
Cada palabra tenía poder sobre ella,
cada trato hacia ella y la forma como la conquistaba
le aportaba vida.
Al pasar los días ya no era una semilla,
comenzaba a crecer, a desarrollarse,
cada día era un logro, se hacía más fuerte,
se alimentaba de cariño e ilusión,
comenzaban a crecer sus ramas,
sentimientos emergían de ellas.
El amor fortalecía esas delgadas ramas,
que cada día crecían y crecían,
la confianza las hacía inquebrantable.
Llego aquel momento,
era como la primavera
su corazón se llenó de flores , era como un árbol saliendo de él,
que le brindaba cobijo y lo arropaba de amor,
y aunque había días en que llegaba el otoño y
dejaba aquella siembra desnuda,
y el invierno provocaba grandes tempestades en su corazón,
esa siembra se mantuvo fuerte como un roble,
nunca se quebró, jamás murió por completo,
siempre llegaba la primavera,
Siempre florecía.
Nos leemos pronto
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