Para nadie es un secreto que Venezuela está sufriendo la peor crisis de la historia y que la inflación ha llegado a limites en los cuales a pesar de tener una buena cantidad de dinero al final es poco lo que puedes comprar.
Hoy salí muy temprano con mi madre a comprar algo de comida para la semana aprovechando que cobré el bono de alimentación, tomamos el autobús y nos dirigimos al Mercado Municipal de Mesuca (Si, orgullosamente soy petareña de nacimiento), allí comenzamos a caminar los pasillos preguntando precios y por supuesto buscando calidad.
Fotografía tomada de internet
Y es que para los que conocen este popular mercado saben que allí pueden conseguir de todo, aunque desde hace un año muchos puestos han cerrado debido a la crisis por lo que los pocos que quedan son la única opción que resta a la hora de comprar.
En fin, después de tanto caminar y hacer unas cuantas preguntas logramos comprar un poquito de verdura, un refresco, un pedacito de queso (que costó 650mil bolívares), un cloro y el periódico. Al final gastamos un millón y medio (1.500.000 bolívares) y apenas trajimos dos bolsas a la casa. Allá se quedaron el paquete de papel sanitario, el shampoo, el pescadito que mami quería para hacer una comida para la semana santa y unas frutas que quería comprarme porque no alcanzaba. Cabe destacar que bajamos y subimos al barrio con el poco efectivo que tenia por lo tanto el lunes no tengo como llegar al trabajo. Mi corazón se partió cuando vi la carita de tristeza de mami cuando veníamos a la casa.
Y me quedo viendo esas dos simples bolsas donde invertí lo que con tanto esfuerzo me gano en un mes y sé que no alcanzará ni para dos semanas y me pregunto ¿Cómo es que llegamos a este punto? ¿Es que acaso nos merecemos esta situación? ¿Cómo es posible que aun exista gente que apoya este proceso?
No encuentro respuestas, solo la tristeza de saber que ahora debo esperar otro mes para poder cobrar y poder volver a comprar.