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Hay historias marcadas por el temor, el dolor, el miedo a que te lastimen y te hagan daño inevitablemente. Situaciones a las que personas son expuestas y terminan llenas de experiencias traumáticas, que en la mente de las victimas se convierten en ciclos de dolor que formaran heridas mas profundas.
Son aquellas heridas que dejaran cicatrices que te acompañaran de por vida, en cada paso que des. Esas heridas que no curan a menos que llegue alguien indicado a enseñarte y a guiarte para lograr curarlas, mientras mas tarden en cerrar mas te atormentan, y aunque trates de olvidar, siguen ahí. Te hacen alejarte de las personas que quieres. Estas parada en frente de ellos, pero estas a kilómetros de distancia.
Sientes miedo, culpa, resentimiento, no quieres que se den cuenta de lo que ha pasado, te avergüenza contarle a alguien mas. ¿Por que tuvo que pasarme esto a mi?, ¿acaso fue mi culpa?, ¿Yo lo provoque? Son preguntas que se repiten a diario en tu cabeza y te dirigen a un lugar seguro que tu mente ha creado en lugar de enfrentarse con la realidad, pero incluso ahí adentro estas indefensa. No puedes escapar de esos recuerdos que solo te hacen mas daño. No hay nadie que te proteja de ti misma.
Las personas a tu alrededor sienten confusión, miedo, frustración, impotencia, no saben lo que pasa y sienten la necesidad de arreglar lo que esta roto, armarlo como si fuera un rompecabezas, pero no es así, lleva tiempo, trabajo y esfuerzo lleno de comprensión y paciencia por que cualquier paso en falso te hace retroceder. Pero así es la vida, te pone obstáculos y depende de ti y del apoyo que recibas de los demás los que te impulsan a superarlos, no hay que rendirse.
Los primeros meses no podía dormir, tenia miedo de estar sola, sentía que seguía ahí queriendo hacerme daño, lastimarme de una forma de la que nadie lo había hecho nadie, no podía mirar a la gente sin sentir miedo de que se dieran cuenta, de que me juzgaran y dijeran que era mi culpa solo por ser mujer.
Por que así es la sociedad, algunos piensan que los hombres tienen derecho a abusar de nosotras por nuestra forma de ser, de actuar, de vestir y no es justo. Duele saber que la gente piense así. Que yo, por ser mujer soy responsable de que alguien abuse de mi, de que no soy victima sino culpable. Pero no es verdad, en ese momento no importó cuanto luche, cuanto grite, no pude evitarlo, el era mucho más fuerte que yo. Repetía una y mil veces: "Tu eres mujer y estas aquí para abrir las piernas".
No pude defenderme...
Pero no es así, las mujeres están aquí para mucho más que eso, tenemos derechos y no merecemos que nos traten de esa forma. Desde ese momento, muchas cosas han cambiado, deje de engañarme a mi misma, de guardar silencio, encontré la fortaleza y la confianza de contarlo, y me escucharon sin juzgarme ni culparme, me ayudaron a seguir adelante, paso a paso y aunque todavía queda un buen trecho que recorrer, me siento tranquila, porque logre entender que no fue mi culpa, yo no lo provoque y existen personas que viven predispuestas a hacer daño, que disfrutan vulnerar y hacer sentir débiles y abusar de personas inocentes.
Entonces solo me queda decirles que no se rindan, no se ahoguen en el silencio.
Por que no hay nada mas ensordecedor que el silencio...
"Porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo” (Eduardo Galeano).