Al salir a la calle, la experiencia de tomar fotos es amenazantemente adictiva. En ocasiones salgo con la disposición única de tomar fotos pero en otras ni lo pienso y los momentos llegan por si solos.
En mi ciudad muy pequeña y ordenada, han existido y aún los hay, personajes conocidos que ilustran una esquina, como lo ha sido el Tío Che, al que no puedo negar, tuve temor desde mi infancia, pues estaba con un carro de super mercardo siempre, lleno de objetos, de pie en el mismo lugar y con ciertos elementos de una ideología política que no comparto.
Sin embargo, el tío che, resulto ser un hombre sencillo y carismático, ocupado en ayudar a los demás sin interés alguno. Este retrato puede ser especial por muchas razones, la principal para mi, es cuando las personas se dejan fotografiar y tienen conciencia del momento y se sienten parte de algo grande. La gente realmente te abre el corazón y otorga su permiso para guardar su imagen y regarla por el mundo.
Otros momentos por el contrario son robados. La expresión capturada es un mundo de posibilidades para idear en mi mente lo que pasa por la de él. Y es que se puede prestar atención a los detalles y admirar que afuera, en la jungla de concreto, como he escuchado decirle, no todo es forzado, no todo es peligroso...
Fotos documentales del #retratodeunvenezolano - IG - https://www.instagram.com/mariamercet/?hl=es-la