Inicio este post con el título de un libro el cual revela episodios con obstáculos, en los que con actitud positiva y mucha fe se puede lograr salir adelante. Su autor es Carlos Saúl Rodríguez
Y es que así ha transcurrido este año para mí, el tener actitud, aptitud y ganas de echarle ganas a todo y ante todo. Mientras escribo estas líneas ha transcurrido ya un mes desde que llegamos a Perú, a los pocos días comenzamos a trabajar y a conocer personas con un alto grado de solidaridad.
Mi nuevo trabajo es en una fábrica de pescado. Acá en Chimbote, provincia de Santa, Departamento de Ancash Perú, es lo que más se mueve. Pues fue el primer puerto pesquero en el mundo.
Fotografía tomada con mi Blu Vivo Air LTE por mi amiga Mily. Borrosa por cierto jaja.
El trabajo en si es sencillo. En la primera fábrica aprendimos a filetear pescado. Consiste en quitarle la cabeza, la cola, la piel, abrirlo y sacarle el espinazo. Ya ahí queda el filete listo para luego ser llevado a envase.
En la segunda fabrica, aprendimos a descabezar el pescado y sacarle las vísceras. Luego se lleva a procesar y se envasa para conserva.
Lo difícil del trabajo son las 12 horas de pie, solo sentarse para tomar desayuno y almuerzo. Esto porque te pagan por produccion, así que cuanto más cortes pescado mayor será tu pago semanal. No hay un límite. Lo importante es como dicen acá, avanzar.
Mientras le contaba esto mismo a mi mamá, ella me decía que pensaba que para surgir en la vida solo necesitaba un título. Dijo además que se había equivocado. Yo le dije que no era así, que con todo lo que he aprendido en estos 26 años, uno no sabe que vueltas dará la vida. Así que es mejor estar preparados y lo que nunca puede faltar es la disposición de aprender.
Los peruanos son gente amable, sencilla y solidaria. Se quitan todo para darte si tú no tienes, al menos acá en Chimbote, son así. En este oficio de la pesca son los mejores. Vuelan. Hacen más de 100 soles diarios.
El primer día de trabajo, casi lloro, lo torpe, lo lenta y el miedo ahí estaban presentes. Sin embargo, mis compañeros me hicieron sentir en confianza, me contaban su experiencia y me alentaban a no desanimarme sino a cada día avanzar más, pues pronto sería la mejor en eso.
Así que nada, seguimos aprendiendo y emprendiendo, buscando mejores oportunidades y aprovechando el aquí y el ahora.
PD. El trabajo dignifica. Hagas lo que hagas. Más si ayudas a los tuyos. Te ayuda a crecer. Cumples tus metas y no solo vives para pagar cuentas.
Nos seguimos leyendo.