La palabra, elemento poderoso para bien y muchas veces para mal. La utilizamos para comunicarnos con nuestros semejantes pero realmente sabemos cual es el modo correcto?. La mayor parte de las veces esas palabras salen a la luz en medio de emociones positivas o negativas y dependiendo de ellas, casi nunca llegamos a medir el impacto de las mismas en quien las recibe. La palabra tiene un poder infinito bien sea para agradar, hacer feliz al otro o en su defecto, entristecerlo, herirlo, causarle daño. Es por eso que cuando nos dirigimos hacia quienes nos rodean, debemos medir el alcance de estas palabras. Soy de las que piensa que, cuando estás bajo emociones intensas ,sobre todo la ira, rabia o sentimientos similares, es mejor callar, esperar y no hablar pues, las palabras que se digan en estos instantes, pueden llegar de forma negativa a tus seres queridos. Todo lo que digas siempre tendrá un impacto y luego de lanzado al mundo dificilmente puede recogerse. Yo lo comparo a la herida por un puñal que por más que cicatriza, siempre deja una marca, y si bien no me refiero a la piel, hago una analogía con los sentimientos y los recuerdos. Un buen recuerdo permanece siempre y saca una sonrisa, uno malo, aquel dejado por una palabra mal emitida, también se recuerda pero de forma amarga, de tí depende la escogencia del camino.
Una pequeña reflexión al anochecer, momento en que los sentimientos hacen pausa y se adormecen invitando al descanso.
"Jamás prometas ni ofendas bajo emociones fuertes. El poder de la palabra es infinito y siempre deja marcas para bien o para mal, que nunca se olvide".
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