Un hombre, de aspecto desaliñado, se encontraba caminando por un bosque, de ambiente frío, con arboles tan altos que no lograba divisar su final, cubriendo todo rastro de luz solar; se hallaba vagando en nada mas que un lugar oscuro, sin dirección y sin rumbo alguno. Caminaba con los ojos abiertos, alerta del peligro que lo rodeaba, situaciones de odio, de decepción… este ambiente parece irradiar maldad en su esencia.
Poco a poco, mientras avanza por aquel tenebroso espectáculo de ramas y hojas desdichadas, se topa con algo brillante, algo reluce; grande es su impacto, jamás había visto tanto brillo junto en este lugar, y wow, vaya que lleva tiempo recorriéndolo. El hombre se pone al nivel de aquella piedra que emana tal cantidad de brillo, la recoge, la limpia y la guarda en su bolsillo. A medida que avanza el tiempo, este misterioso objeto va iluminando cada vez más su camino. Se da a la tarea de limpiarlo y cuidarlo, entre más lo cuida mas brillo irradia. El individuo queda perplejo, y con el pasar de los días, nota su gran belleza y valor, lo que produce en él una sensación de satisfacción y protección.
El tenebre paisaje que divisaban sus ojos ha cambiado por completo su forma, ve árboles de colores maravillosos, flores de inmensa belleza de las cuales no se había percatado de su existencia, la maldad que irradiaba este conjunto de árboles inmensos ha doblado su esencia, trasmite alegría, comodidad y confianza. Pasa el tiempo, cada día que avanza es como si subiese un escalón en la escalera del paraíso, se acerca más a él… siente la dicha de este maravilloso bosque, aunque la idea de alcanzar el paraíso le alegra. Desde la llegada de aquella curiosa piedra preciosa , este bosque ha recobrado un esplendor de ensueño en cuyos brazos ha formado su cuna. Pero es esta misma piedra quien quiere enseñarle con su luz incandescente un nuevo mundo, más allá del ahora esplendoroso que lo rodea.
Se deja llevar por él y sube con gusto cada escalón, que a su vez enseña cada cosa nueva y extraordinaria. Por fin encuentra el paraíso, es tal cual lo soñó, todo brilla, todo es paz, todo es felicidad… sinceramente pensaba que esta sensación tan utópica solo se reflejaba en aquellas novelas inverosímiles mágicas y cuentos de hadas, pero lo esta viviendo…
El estar rodeado de tanta grandeza, con el tiempo, hace que no valore como debería aquel objeto que le enseñó este paraíso… deja de pulirlo, de cuidarlo, lo olvida… con el tiempo se deteriora… esta piedrita hizo florecer en él una amalgama de emociones como ningún otro… pero el tiempo no perdona, hace estragos, y él no seria la excepción…
Es momento de volver a vivir la realidad, como ave que aprende a volar, cae a su suerte desde aquel alto paisaje de ensueño, de nuevo al bosque… el bosque se vuelve gris nuevamente, sus ojos no captan colores, su sonrisa, dibujada perfectamente gracias a aquel artefacto, pierde su grandeza y su brillo… ahora, vaga nuevamente en este ambiente vil y miserable, del cual al parecer no tiene salida.
Se posa sobre un pequeño arbusto, por su mente vuelan pensamientos de tortura hacia su ser, castigando su alma por haber descuidado el tesoro de su vida, aquel que le regalo un pedazo de cielo y cuya compañía lleno de arcoíris y hermosos atardeceres sus días y su existencia. ¿Qué pasa con la naturaleza de la psique humana?, ¿qué sucede con el conformismo?, ¿por qué el hombre, aun teniéndolo todo, quiere más y busca imperfecciones?... todas estas preguntas azotan como látigos su mente, pero no puede hacer más que aceptar la realidad.
Solo se limita a quitar el candado de sus pensamientos, dejándolos bailar a través de sus manos, y cuya coreografía de palabras se plasma en un desdichado mensaje que vuela a los cielos:
“Si algún día estas palabras perdidas entre las nostalgia que ahora rodea mi alma, llegan hasta aquella bellísima piedra, me gustaría que supiera que, espero que este iluminando a su alrededor, como lo logro en mi vida algún momento…”