En las últimas décadas se han replicado hábitos de comportamiento de un grupo social que, estando al margen de la ley, logra permear los códigos de conducta de la sociedad.
Ser o Parecer
Ser un hampón o comportarse como tal no es visto como algo positivo en la sociedad venezolana, pero hay sectores en que se convive y se socializa con ellos.
Debido a un marco normativo tan “laxo”, en Venezuela cada vez es más común observar conductas como el irrespeto a los bienes, a los espacios públicos y a la autoridad, así como la apropiación de lo ajeno y evasión de responsabilidades. Estos aspectos forman parte de un comportamiento hamponil. Es también frecuente que el ciudadano común realice accione cotidianas que no midan las consecuencias para terceros, ya que tiene un “modelaje” institucional negativo, lo que genera una cultura de “hagamos lo que sea para beneficio propio, no importa, pues la ley en este país no existe”.
Es así como la denominada “viveza criolla” también es un estigma de la cultura del delincuente, porque para estos individuos solo valen sus intereses y pocas veces miran las consecuencias de sus actos, Además, este tipo de actitudes se traslada al lenguaje común, pues la “irreverencia” ante la autoridad se convierte en un código de conducta, generando conflictos en el seno de las comunidades.
Se debe tomar la Justicia de Paz como mecanismo alternativo de resolución de conflictos en el país. Existe una Ley Orgánica que, en la práctica, dejó de tener vigencia desde hace varios años por razones políticas. La implementación de esta norma puede coadyuvar en la generación de comportamientos ciudadanos que promuevan convivencia, diálogo y acuerdos para disminuir la conflictividad, caldo de cultivo para la delincuencia.
Rescatar los valores
Pero, ¿se puede hacer algo para que el venezolano no sea definido por este comportamiento?
Un factor determinante para evitar esta generalización es contar con más y mejor educación como mecanismo preventivo. La socialización de valores en la comunidad se hace fundamentalmente a través de la educación, y este es el imperativo ético que tiene el Estado venezolano para romper con la cultura de la delincuencia e instaurar una buena ciudadanía y paz. Es importante identificar desde la escuela los factores de riesgo que existen en la comunidad para el incremento de la violencia y el uso de los códigos (lenguaje y comportamiento) de la delincuencia.
En el país falta la creación de campañas informativas que nos inviten a mantener y fortalecer los valores, pero los positivos, los que refuerzan el trabajo, la solidaridad, el respeto, la conciencia ante los actos, es decir, aquellos que nuestros abuelos se esforzaban por transmitirnos. En la casa el trabajo es duro, pero es el más importante, claro está, debe ir de la mano de verdaderas políticas de paz. Esta es una labor en conjunto, una alianza público-privada, pero sí se puede.
En función de los factores de riesgo, desde las escuelas deben implementarse estrategias pedagógicas que sean transversales a toda la malla curricular, y formar e informar a niños, niñas y adolescentes sobre las formas de comportamiento idóneos para una mejor convivencia ciudadana, lo que hoy día se denomina el desarrollo de habilidades para la vida.
Educacion y Prevención deben ir de la mano
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