Un día la vida me golpeo muy fuerte justo con la persona que más amaba y el día que menos lo esperaba me dejó, así como si fuera un objeto el cual ya no servía. Sentí frío aun debajo del caliente sol de Maracaibo, sentí un vacío en el pecho como si me alma ya no estuviera dentro de mí. Sentí mucha ausencia emocional por las otras cosas que me rodeaban. En ocasiones comencé a llorar cuando menos lo esperaba. Había lugares y canciones que eran un castigo, por eso preferí el encierro. Estuve de duelo.
Poco a poco comencé a reprimir lo que sentía, desahogando poco a poco todo el dolor, lloré todas las veces que considere necesario, hable con personas de confianza para contarles y buscar apoyo en mi duelo amoroso, es un proceso, es como caminar con muletas aún con la herida abierta, hasta que comencé a entender que quien no ama no merece, ese día me levanté por mi, para mi y boté todas esas muletas de mi mente que me ataban al dolor porque el mundo no se queda aquí.
Ese día acepte y comprendí que una persona no es todo mi mundo, toda mi vida.
Decidí comenzar una nueva vida sin esa mujer, sin una explicación a nadie, pero eso no deje de creer en el amor, ni de ser la persona feliz que era. Ahora solo me enfocaba en mi salud emocional, trabajar en lo que amaba y que desde allí comprendí que no se da todo el corazón a una persona y menos una que no da nada por ti.
Y algo que me recuerdo todos los días de mi vida desde aquel día es que el único amor que no va a fallar es el “propio”.