Les confieso que cada día me doy cuenta la gran admiración que siento por el Venezolano. Sin ánimos de presumir, pero desde que tengo uso de razón he visto un grandioso número de hermanos que me han dejado enormemente sorprendida y orgullosa de lo que decidieron en algún momento de su vida emprender siendo muy exitosos y productivos en su área. En muchas ocasiones he escuchado al venezolano ser tildado de flojo, bebedor, impuntual, irresponsable, e infinidad de malos calificativos, y en varios casos es así, más no en su mayoría gracias a Dios, cuestión que generalmente nosotros mismos tenemos como mala costumbre y ya de manera enfermiza o como patrón de conversación el resaltar y dar más publicidad a nuestros defectos que a nuestras grandiosas virtudes.
Para ninguno de nosotros es un secreto la situación País por la cual estamos pasando, pero tampoco es un secreto que antes de este período de "crisis" para unos y "oportunidades" para otros, no era para nosotros extraño ver al que vendía heladitos caseros en su casa, la señora que remendaba prendas de vestir, la vendedora de Avon, el heladero en la salida de la escuela o con su carrito campaneando en la calles soleadas día a día, el vendedor de pasteles y tequeños, el vendedor de periódicos en cada esquina y avenida, el vendedor ambulante de café , el árabe más venezolano que nosotros mismos vendiendo muebles y artefactos eléctricos para pago semanales, el gran número de buhoneros que aún siendo vendedores informales, respondían a una necesidad monetaria como cualquiera de nosotros y así sucesivamente incontables casos de grandiosos venezolanos, que aún sin una profesión, lograron con sus oficios emprender y sacar a su familia adelante. Sin ir muy lejos les cuento que mi carrera de arquitecto la pagué en gran parte vendiendo galletas en mi universidad, y aún muchos me recuerdan y me preguntan por ellas. También les comento el caso del abuelo de , que logró con su gran amor y voluntad por el trabajo, administrar entre sus bienes una estación de servicios, más de 9 inmuebles donde almacenaba y comercializaba sus productos, varios vehículos nuevos y de agencia para su época y viajar por todo el mundo junto a varios de sus hijos, siendo completamente analfabeta, o como la conocida y admirable amiga de mi madre que a punta de "bolsos" logró construir su casa soñada con todos sus servicios luego de vivir literalmente en un "rancho". Así como estos casos, imagino que sobran en sus vidas muchos parecidos y hasta más sorprendentes.
El hecho es, que de alguna manera esta semilla de Emprendedores la hemos adquirido ya sea por cultura, o herencia gracias a nuestros padres, abuelos, bisabuelos, antepasados o, por voluntad propia, y se demuestra claramente en los dos escenarios que actualmente se presentan en nuestro País. El primero donde gran parte de jóvenes profesionales están emigrando a otros países sin riesgo alguno a trabajar como vendedores informales, habiendo tenido una profesión ya definida y estable en Venezuela y motivados por el instinto de emprender e impulsados por distintas necesidades, aún con todo el riesgo que implica las incomodidades de estar fuera de tu País, lejos de tu familia, y sin las muchas o pocas comodidades que ya habías logrado.
Y el otro escenario el que decidimos otra gran parte de jóvenes, que de más estoy agradecida como ,
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, y muchos otros que incluiré en los próximos post, de buscar, indagar, estudiar y lo que siempre nos sigue caracterizando, el siempre instinto de EMPRENDER aún por muy feo que se pinte el panorama otras alternativas como esta gran herramienta STEEMIT, así como muchas otras opciones que existen y ven muchos otros compañeros coterráneos que a pesar de las circunstancias seguimos cada día en la búsqueda de mejoras en todos los sentidos tanto personales, de los nuestros como de nuestra grandiosa Venezuela. Demás está reiterarles lo orgullosa que me siento tanto de los que decidieron emprender fuera del País, como de cada uno de nuestro grupo, como de los que me encuentro cada día en la calle vendiendo ya sea su jugo de naranja, el café en su respectivo termo, el buhonero, el zapatero remendón y tantos otros que los mueve principalmente en su esencia la supervivencia como ser humano sin perder en ningún momento nuestro otro Gran don: EL BUEN SENTIDO DEL HUMOR (1ra parte de El Arte de ser Venezolano).
Si deseas puedes comentarme debajo tu caso o el de algún conocido que te haya animado a emprender y reforzaremos aún más nuestra historia como venezolanos, fuertes, guerreros y exitosos que somos. Con todo gusto leeré tu historia y te apoyaré.