A mis 17 años, tomé la decisión de estudiar Comunicación Social. Dicha carrera no estaba en mi ciudad, la añadieron un año después de haberme venido a estudiar a Anzoátegui. Tal vez fue lo mejor que pudo pasar, pero debo admitir que no es tan fácil como suena.
Vivir lejos de casa es un gran reto, no todo el mundo soporta estar lejos de los que acostumbra o de su comodidad.
Estudiando fuera, me perdí de muchas cosas, desde cumpleaños de familiares y amigos, hasta reuniones sociales sin motivo alguno.
A pesar de no ser lo más fácil, la ciudad que hoy me forma como Comunicadora Social, me ha hecho lo suficientemente feliz. Me ha premiado con personas increíbles y momentos definitivamente inolvidables.
Aquí aprendí a valorar…
Por ejemplo:
Antes, cuando tenía un tiempo libre, prefería estar encerrada todo el día. Pero ahora, prefiero visitar a mi familia y pasar tiempo de calidad con ellos. Antes, a cualquier salida le decía que no, solo por flojera. Ahora, sin pensarlo tanto, me levanto de mi cama y socializo.
Aquí aprendí a ser más responsable, debido a que no existe alguien que haga mis labores.
Pero sobre todo, aprendí a valorar los momentos únicos que la vida te regala. También esas oportunidades que no a todos se les presentan, como estudiar la carrera que te gusta en una universidad privada, y aparte, ubicada en otra ciudad.
Es común en otros países estudiar lejos de casa, de hecho, en la mayoría es lo normal. Pero en el mío, Venezuela, lamentablemente es un lujo poder hacerlo debido a la situación país.