Qué mal encuentro en el hombre,
Una lengua poco sana
Y de pensar poco noble.
Es como un fuego insaciable
Recorriendo una sabana,
Calcinando el suelo
Y quemando paja.
Lo único que queda vivo es el polvo,
Nervioso, agitado…
Que huye despavorido
Cuando lo persigue el viento,
Seco, solano…
Lo desolado es angustia
Que va quedando a su paso,
Lo demás es un lamento
Inclemente como el sol,
Pesado como una piedra,
Incólume como el sheol;
Que el viento no se lo lleva
Ni la lluvia lo refresca,
Que no lo duerme la noche
Y el día sólo lo aumenta.
Como dijera Santiago:
“La lengua es un fuego,
Un mundo de maldad…”
Mejor podemos hacer
en vez de mal profesar,
¡Tan bueno que es el amar!
Tan noble el querer
Tan sabio callar.