El silencio blanco de soledad
la vida muelle de la espera,
el hogar frío, sin la leña del amor,
la ilusión tirada en un rincón.
El papel arrugado de la carta
que nunca se envió,
el pañuelo de encajes de llanto oscurecido
el café llamando con su aroma,
el que nunca fuera compartido.
El cigarrillo que se consume con el viento
el reloj que me grita el paso del tiempo
el espejo que refleja mi pelo ya viejo
el lecho que conociera los tiempos aquellos.
Los pasos que afuera creo escuchar
el día que se anuncia al clarear
las golondrinas que amenazan
con un nuevo verano, otro más.
La ventana que se abre de vieja
me pide que no piense más,
me grita en silencio, se queja,
me dice que no volverás.