La esperanza le dijo al corazón, espera que la paciencia tiene sus recompensas, pero el corazón le dijo, no creo poder esperar, cuando los sentimientos son tan profundos, no hay manera de evitar lo que uno siente por dentro.
Creemos en lo inevitable, pero nos olvidamos de las situaciones adversas, creemos en los imposible pero no en las cosas posibles. Vivimos en un mundo totalmente consternado, cruel, gris y egoísta; donde solemos decir las mil y un cosas sin percatarnos de las personas que tenemos alrededor, nos equivocamos y juramos por los mil y un dioses que no fue así, perdonamos a lo que tenemos perdonar, mentimos a los que no deberíamos mentir e inclusive le hacemos daño a las personas que más nos aman.
La luz al final del túnel siempre es la mejor manera para poder afrontar todas esas enormes cagadas que hemos hecho y si somos lo realmente valientes y con las bolas bien puestas debemos aceptar nuestro errores de una manera normal, porque si no, no tendremos que esperar y quedaremos en un limbo eterno y eterno, que nos hará recordar hasta los finales del tiempo.