Él trato de seducirme, yo me rehusé pues quería guardarme virgen para Zeus, el amor de mi vida, quizá así dejaría a las demás deidades y seria mio, solo mio. Él no hizo caso e intento forzarme. Me apretó contra su pecho y con fuerza me besaba y golpeaba, mis lagrimas a desborde cristalizaron mi piel. Indispuesta me volví de piedra, y otorgue mis brazos al sol. Preferiría perder mis brazos a perder mi virtud y decepcionar a mi Zeus. Preferí volverme una estatua a vivir así.