Hoy les traigo un experimento literario que estoy probando, espero les guste, si te gusta dame tu voto, resteem y dejame tu comentario. Gracias!.
Sin duda, para no olvidar nuestras interminables charlas , siempre que me dabas la arrechera de marcharte nos llamábamos y nos mandábamos e-mails .
Es poco lo que se necesita para sentirse próximo. Las cuartillas nunca eran suficientes para que expresáramos nuestros sentimientos , a ti en la ciudad a donde te ibas y a mí en el trabajo de mierda haciendo la publicación de cada día . Por más cuidadosos que fuéramos el tiempo se nos hacía insuficiente ..
Sí, recuerdo el pasado. Me encanta hacerlo, quizá porque revivo instantes que me son queridos. Recuerdo que los preparativos para tu marcha fueron curiosamente breves . Sin embargo, decidir cómo contactar cada día nos tomó horas, aunque más revisar los papeles que pensabas releer durante el viaje . No dispuse de tiempo para ir a la papelería de Roberto , así que estoy usando el cuaderno que nos mandó tu amigo José del que por cierto no sé nada desde hace tiempo .. Quizá como curiosidad se te ocurrió que tomáramos notas cada día de lo que nos sucedía ya fueran cosas importantes o menudencias . Ese registro siempre me ha hecho imaginar que no estamos lejos , por eso pienso que estos diarios un día nos resultaran tan importantes para entender nuestra vida como nuestra propia vida . No quiero pensar en tí porque me hace daño. Mejor esperar a que regreses . Y ahora he de escribirte pero ¿por dónde empiezo? .
Estoy deseando que llegue mañana para ir a comprar una libreta nueva y luego varias más , porque quién sabe cuándo regresarás . Aunque te venga a desmano , tú haz un esfuerzo y escribe tus notas , pero no en correos sueltos , sin fechar , que después tengo que imaginarme yo mismo qué quieres y qué no quieres decirme, peor aún, el porqué de tu brevedad ..
Recuerdo lo que vivimos esta mañana. Por tomarnos un último café se nos hizo tarde para llegar a tiempo . Aunque era domingo nos hallamos de pronto en medio de un gentío que acudía al partido . Por poco no nos sucede lo que más te enoja - tener que echar a correr maleta en mano en los últimos minutos . Si no era suficiente, la autopista estaba medio bloqueada. No llegamos a ver nada pero probablemente había un accidente más adelante .
En vista de la situación, pensamos que lo mejor era que te fueras y salieras del vehículo para verificar que salía a la hora mientras yo daba vueltas y vueltas hasta que un Renault blanco que salía me dejó un lugar libre . Necesité mucho rato en logarlo . Fue entonces cuando me di cuenta que allí estaba tu bastón. Lo tomé y me apresuré todo lo posible . . Algunos se molestaron conmigo porque, mientras corría, empujé al que se me puso delante. Quería alcanzarte pero resultó imposible . Intente convencer a un policía frío y aburrido que no se inmutaba ante ninguna explicación que le dieras de que me dejara correr hacia tí para entregarte tu bastón . Se negó. Le razoné y hasta le conté lo nuestro (lo que hay que hacer frente a los guardias ) , explicándole que te ibas sin yo haber podido despedirte a causa de los atascos . No atendió a mis razones ni a mis súplicas. Se volvió hacia otros pasajeros y, sin más, me ignoró .
Fue un milagro , porque me dijo que me dejaba pasar un segundo, que era muy molesto . Llegué a donde estaba la muchedumbre en el momento exactamente cuando ibas a subir con tus manos asidas a la barandilla y tu vista fija en los peldaños . Puedo asegurar que me viste , creí ver que movías los labios, que me veías, que me decías algo pero estaba demasiado lejos todavía . Imagino que querías decirme una última despedida . No comprendí aquellas últimas palabras tuyas pero hubiera dado todo por que me las hubieras podido decir al oído . Sé que no está bien y me da vergüenza confesarlo pero odié a aquel individuo que se interponía entre nosotros . Intenté que me dejara pasar , pero siguió impertérrito . Me resigné a renunciar a nuestra despedida y a ese momento tan cómplice que se da entre nosotros en las despedidas . Necesitaba ver que no estabas melancólico . Que intentes regresar lo antes posible . Que, sobre todo, vuelvas sano y salvo . Qué duro es despedirse, ¿verdad? . Sentí tristeza , angustia porque algo pudiera no marchar bien pero sólo pude darme media vuelta y regresar . Te imaginé situando en la bolsa de tu asiento el periódico , el bloc de notas , las cartas de tu sobrino Mateo que querías releer y sobre todo la pluma que sólo usas cuando quieres escribir con propiedad y con esmero .
Te gustó desde que aquella tarde que la viste en el escaparate de 'El Hombre que quería escribir', esa papelería cerca del puerto . La compré en secreto , y no quise envolverla para regalo. Así sería una sorpresa mayor . Me abrazaste. Me besaste. Me diste las gracias . Por hacerte un aquel regalo que poco me había costado obtuve otro a cambio : tu carita de ilusión y felicidad . Mejor no recordar . Vuelvo a tu partida . Pasaron muchos minutos hasta que me percaté de que ya habías dejado de estar en mi visión y, tras estar un poco más mirando anduve hacia la salida .
Sé que es imposible pero sentí el contacto de tu piel cuando iba en dirección contraria a la tuya, algo tan paradójico como imposible . La casa, ahora, estaría solitaria y vacía, el pasillo sin el eco de las conversaciones, las ventanas bien cerradas, y pensé que la casa quizá sintiese que estaba triste, tan triste como nosotros, o quién sabe, como yo solamente .
A pesar de ello aparqué y entré un rato a la librería de la avenida San Juan, esa que a tí no te gusta pero que a mí me encanta . Recorrí todos los pasillos , observé cada anaquel , me detuve frente a la sección de poesía y casi saqué todos los volúmenes expuestos .
Mi deambular llamó la atención de los dependientes y de una empleada de seguridad a la que nadie le había enseñado cómo vestirse : ojos siluetados en morado, pelo teñido en verde y tatuaje de un arcángel en la mano . Me imaginé sus dudas para atreverse a tener ese aspecto y y las revistas que habría debido mirar para lograr aquella combinación tan extraña . Dediqué un rato a observarla , pero ella no se dio por aludida , atenta a cada pasillo de la librería . Aquel rato resultó cómico y tenso a la vez y podría haber sido menos incómodo si hubiera dicho a la guardia de seguridad que si yo no paraba de dar vueltas se debía a que estaba buscando un libro voluminoso , uno que me haga olvidar tu viaje, que me acompañe durante las largas jornadas en que no estarás . Estuve mirando un buen rato más hasta que, por fin, me decidí por unos libros que explicaban para neófitos la gravitación cuántica. Algo que nunca entenderé pero que no me importa . Sus tres volúmenes ocupan tres mil páginas con una letrita que parece más de un contrato de seguros que algo impreso para ser visto por un ojo humano . Sabiendo que el trabajo ocupará buena parte de mis horas , seguramente leerlo todo precisará de muchas semanas , pero quizá menos que lo que tu viaje ha de durar . Si estuvieras aquí me sentaría junto a tí y te pediría que me dieras tu opinión sobre estos libros y tú me dirías : ¿Sabes lo que haces? Y te haría saber que es para ahuyentar el tiempo , para espantar el vacío que dejas . Pero no puedo enseñarte nada porque no estás , estarás en un hotel que desconozco, en una habitación en la que yo no estoy .
Te vas a reír pero cuando llegué a casa te saludé a voces, con la frase de siempre , ya conoces cuáles . Subí al cuarto , como si no hubieras salido por la mañana . Como era lógico, todo estaba vacío , pero estaba una chaqueta tuya en la silla , la novela que leías abierta por la página cuarenta y dos y un vasito de jerez algo avinagrado según tus propias palabras . Más tarde hice lo que habitualmente hago después de comer : bajé a tomarme un vasito de Baileys . Puede parecer tonto pero es difícil y es duro preparar una sola ración de lo que sea si tú no estás . Bebí un sorbo, miré las flores de las macetas que brillaban de color y me dirigí al patio y permaneciendo sin más, sin moverme para que el aire que ya refrescaba aliviara tu ausencia .
Han pasado pocos días y ya casi he llenado un cuaderno . ¿Cuántas libretas crees que llenaré? . Creí que sería hermoso escribir el diario pero, en realidad, no me gusta ya que se hace duro escribir precisamente porque te has marchado que, si no, no lo haría . La nostalgia es mala consejera en las ausencias. O quizá sea buena. Qué se yo .
Ahora dispongo de ojos para ver otras cosas que no seas tú. Para observar los pájaros, las nubes, la luna por la noche, los escaparates. Saber que estás lejos me hace dudar de todo. O quizá afirmar todo , permitiéndonos valorar mejor lo que tenemos en común . Esto me recuerda que he de hacer algo antes de que regreses : llamar a la compañía telefónica para que, a tu regreso, el contrato esté ya listo . En la ventana se han posado los gorriones que siempre vienen a buscar sus migas de pan . Si ya han regresado, es imposible que tú no lo hagas .
Te espero, mi cómplice.
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