Seguimos reflexionando para ir educando
Como docentes, al enfrentarnos al contexto descrito en mis publicaciones anteriores, nos encontramos con otro episodio de la parábola (https://steemit.com/spanish/@rodripazyolanda/educar-es-mas-que-ensenar).
En esta ocasión, el aprendiz está en otro colegio y experimenta algo contrario: Llega la maestra y les dice: “Hoy vamos a dibujar” y el niño recordando sus experiencias previas, espera a que la maestra le diga cómo hacerlo. Pero resulta que esta maestra no le dice nada, solo los observa. Cuando se acerca a él, le dice:
El aprendiz responde: claro que sí, pero no sé qué vamos a hacer, a lo que la maestra responde:
“No lo sabré hasta que tú lo hagas”. Hazlo de la manera que quieras.
Y el aprendiz preguntó: ¿Con cualquier color? Y la maestra, sonriendo, le dijo:
“Si. Si todos hicieran el mismo dibujo con los mismos colores no podría saber de quién es cada dibujo”.
Pero el aprendiz dijo: No sé… Y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde como le había enseñado su maestra anterior.

Y en esta sintonía, me cuestiono... que pasaría si transformamos esta pedagogía y probamos la creatividad de nuestros estudiantes (desde pequeños) dejando que expresen sus gustos y preferencias, desarrollando su capacidad de hacer y no de sólo imitar o copiar, limitándose a un modelo o patrón dado. Sino, por el contrario, desarrollando la potencialidad que por naturaleza divina se nos ha dado yes sonde la diversidad de talentos puede enriquecer el aprendizaje y por ende el proceso de enseñanza.
En el mismo orden, sigo planteando la interrogante: ¿Educamos o domesticamos?
Fuente de texto de mi autoría inspirado en las parábolas educativas de Antonio Pérez Esclarín
Imágenes de Google editadas y modificadas por mi persona