Los ciudadanos de buena voluntad, con sensibilidad y que aún permanecemos en Venezuela, tenemos un compromiso con los sectores de la población más castigados socio-económicamente hablando debido a la peor crisis que está viviendo nuestro país y que nos está afectando a todos.
En consecuencia, todos debemos seguir apuntando a la transformación social y personal de nuestro pueblo en búsqueda de la justicia y la fraternidad.
En términos del humanismo cristiano, la solidaridad, la tolerancia, el perdón y la reconciliación son valores esenciales de nuestro pueblo que tenemos que rescatar, esto nos dice en primera instancia que debemos facilitar y promover las alianzas y redes solidarias personales e institucionales que ayuden a paliar la amenazante escasez de alimentos y medicinas, la atención humana a las personas víctimas de este flagelo, ademas de visibilizarlas para sacarlas de las frías cifras de las estadísticas, dándoles cuerpo y rostro a estas personas.
Tenemos que volver a la EDUCACIÓN y el TRABAJO PRODUCTIVO como herramienta indispensable para lograr los bienes y servicios que requerimos para una vida digna, que nos permita la sana convivencia que los venezolanos merecemos y necesitamos como pueblo, para así garantizar la sustentabilidad social y económica que nos dará la base de una democracia fuerte y verdadera.
Debemos reclamar al ser humano en el centro del accionar del estado, en todas las áreas, dedicando recursos humanos y económicos suficientes a la alimentación, la salud, la educación, la vivienda y la seguridad de personas y bienes, privilegiar al hombre y la mujer venezolana sobre el egoísta interés de los partidos políticos, los grupos sociales o gremiales y dejar de utilizar estos como mecanismos de control y clientela política para favorecer interese parciales.
La libre participación de todas y todos los venezolanos en la gestión de los recursos de la nación y en los beneficios que ello conlleva debe ser una exigencia sin más requisito que su identidad y no estar sometidos a la obligación de un carnet que nos segrega y nos enfrenta entre nosotros y con el estado.
Todos y todas las venezolanas merecemos respeto y la sumisión de todos los poderes al pueblo como lo manda nuestra CONSTITUCIÓN.
Es el momento de accionar y hacer algo productivo por el país Venezuela.