Ese encuentro maravilloso de nuestros cuerpos con el placer pleno, está lleno de regulaciones, feticherías (sic), pacaterías y todo tipo de estupideces mágico-religiosas que conducen nuestras psiquis a la infelicidad.
La homosexualidad, el disfrute de la sexualidad recreativa y no reproductiva que realizan los seres humanos del mismo sexo, desde que estaban en las cavernas, sigue siendo condenada por todas las sociedades de una manera u otra. Incluso, en las sociedades más abiertas, los ghettos “gays” siguen existiendo.
Así como se persiguieron a los judíos en los campos de exterminios durante el nacismo, así mismo fueron llevados los homosexuales a los hornos crematorios marcados con un triángulo rosa y esa culpa, esa vergüenza de la humanidad, también ha sido cubierta, encubierta y recubierta por la hipocresía y quizás, más de uno piense que se lo merecían.
La pena de muerte para la homosexualidad aún persiste en muchos países, en otros es un delito que se paga con años de cárcel y multas. En nuestro lado del mundo: Jamaica, Guyana y Trinidad y Tobago, que arrastran la hipocresía del colonialismo inglés, siguen teniendo leyes anti-homosexuales.
El avance de las sociedades conservadoras después de la pandemia del VIH+ Sida, llamado inicialmente “cáncer gay” y el avance de los movimientos cristianos-evangélicos que son profundamente anti-homosexuales y condenatorios, están también deteriorando en la psiquis social, la aceptación plena de la diversidad sexual y eso incluye, los avances de las mujeres en sus libertades plenas.
La seudociencia, con toda su hipocresía al servicio de los principios religiosos, colocó a la homosexualidad como una enfermedad curable, incluso, se sigue discutiendo si es un fenómeno moldeado socialmente, en etapas tempranas, por la “víctima”, porque nadie nace homosexual. El gen “gay” sigue encubierto en una multiplicidad numérica que confunde a los científicos, tanto, como no saber, por qué hay gente, una minoría, que desarrollaron más su hemisferio derecho del cerebro y son zurdos. Los zurdos fueron condenados en una época, y los que no eran diestros, eran siniestros.
La educación sexual no aborda amplia y libremente el conocimiento y la aceptación de los grupos sexodiversos. El común de gente considera “homosexual”, “gay” “marica”, a toda relación entre el mismo sexo y no es así. Por ejemplo, los travesti y los transgéneros no son homosexuales. Los homosexuales están contentos y felices con su género, son hombres y mujeres que se enamoran de hombres y mujeres. Un homosexual, no quiere ser mujer, disfruta ser hombre. ¡Qué existen las loquitas derrapadas, peluqueras, gritonas! Sí, es cierto, en todos los componentes humanos hay multiplicidad de conductas.
Los transgéneros, que son heterosexuales que nacen en cuerpos equivocados, son mucho más complejos porque su fin último es ser físicamente lo que no son, porque un hombre transgénero se siente emocionalmente y psíquicamente mujer desde temprana edad.
Estos fascinantes temas de la conducta humana aún tienen aristas para discutir. Seguramente los trataré en más de una oportunidad.
Es mi obligación como artista y psicólogo.
Cuando estudié 4to grado, en mi escuela se inscribió un niño muy amanerado llamado Juan. Fue despreciado por sus maestros y abusado libremente por sus compañeros. Juancito se suicidó y en mi consciencia siempre ha quedado como una culpa que no era mía.
A juancito, hace años, le escribí este poema:
Juancito corrió al revés en el juego de pelota,
terminó saltando alegre con las cheerleaders cabezas locas.
Juancito,
en la barbería,
rodeado de caballeros malas caras,
en lugar de pedir un corte francés tipo militar de machos estandarizados,
ha solicitado un moño clásico con flores,
rodeado de lentejuelas y una corona de muchos colores.
Juancito,
se perturba de tantos gritos de borrachos descerebrados,
una pelota ha entrado en una canasta enorme y todos gritan: ¡gooool!
¿qué hacen tanto hombrecitos corriendo en un campo que bien pudiera estar cubierto de flores?
¿qué hace toda esa gente apiñadas en graderías asfixiantes,
cuando pudieran estar bailando en las calles la música sosa del grupo ABBA?
¿será por eso que hay tanto culto a las batallas?
¿será por eso que hay tanto conflictos en el amor?
Los padres de juancito están angustiados,
lo han llevado a psicólogos, antropólogos, politólogos, tarotistas, juristas, sexólogos, exorcistas y un experto en naves interestelares,
todos concluyen en un solo diagnóstico,
juancito solo tiene un problema,
nació en un cuerpo equivocado.
La sociedad lo juzgará,
los religiosos pedirán que lo quemen en la hoguera,
las leyes se perderán en su ignorancia,
sus amigos le darán la espalda,
sus maestros lo rechazarán,
será la vergüenza de toda la familia,
pero juancito,
tiene derecho a ser feliz,
tiene derecho a ser ella.
RUBÉN DARÍO GIL