Hay un manual ético que condiciona la relación hombre-mujer desde la temprana edad. Las niñas hacen esto, los varones hacen aquello. Las niñas juegan esto, los varones juegan aquello. Las niñas juegan sutiles, decentes, no dicen groserías, no “monean” los árboles, no se ensucian, no gritan, se sientan con las piernas cruzadas… los varones si pueden hacer todo los que les dé la gana. El varón se forma para que se independiente y la niña juega con Barbie y con tacitas para que se entrene desde pequeña a la cocina.
La sociedad burguesa, creadora del “Don Juan”, del hombre seductor, del caballero impecable que está en perfecta oposición al hombre bárbaro, no es más que un bárbaro, terriblemente bárbaro, pero bien vestido y perfumado. Las mujeres adoran estos codiciados galanes, los que tácitamente entienden que las mujeres “nunca pagan” cuando hay caballeros, los que les abren las puertas para que “pasen primero las damas”, los que se quitan la chaqueta y la ponen en el suelo, como en las películas, para que ellas, no ensucien sus zapatos. Muchas mujeres, pero muchísimas les encanta ser tratadas como mascotas.
Esos hipergalanes, hipercaballeros, hipercorteses son también hipermachistas y su conducta la define ese encuentro privilegiado, para ellos, entre el sexo débil y el sexo fuerte. Por supuesto, las mujeres son el sexo débil, las que hay que hacerle todo porque tácitamente se entiende que no son capaces de nada, que hay que pagarles todo, que son ineptas de mantenerse solas, de vivir solas, que necesita de un hombre que las represente. En el llamado “complejo de la cenicienta”, esas mujeres que sienten pánico antropológico, cultural y genético de ser independientes, esperan que un “príncipe azul” (que seguramente terminará siendo un mamarracho morado), las rescate del castillo de la bruja o de la tía malvada y se la lleve a… parir hijos, cuidar la casa y atender al marido como único norte de vida. Es el destino de la mujer esclava y mantenida de los hombres.
Acuérdense que a mayor dependencia, mayor maltrato. Ese “galán maravilloso” que pone a las mujeres en una bandeja de plata y que dice que las mujeres “ni con el pétalo de una rosa” son estructuralmente los terminarán diciendo: “es que tú no sabes hacer nada”, “eres una bruta”, “eres una inútil, yo a ti te mantengo”, “no sirves para un coño”… esos hombres no están hechos para la familia y con seguridad serán los “picaflores”, los “mujeriegos” y los que tienen una amante por aquí y otra amante por allá.
Los hombres hiperatentos condenan a las mujeres a la hiperinutilidad y a la esclavitud. Es el hombre que hace todo lo posible para que la mujer no salga de su casa: paga todo, compra todo, hace todo para condenarlas al inmobiliario, a lavarles la ropa, hacerles la comida como se las hacia mamá y a darles sexo, especialmente cuando llegan borrachos.
“Las damas primero” no es un acto de cortesía, es un tributo masculino a la fuerza, a que ellos si pueden aguantarse afuera, a que ellos si tienen la capacidad física y emocional para armarse de paciencia, para esperar, para afrontar todo lo que venga, para pelear con las calamidades y que si las mujeres pasan primero, estarán protegidos por ellos… es decir, salvaron a las paridoras y a las que pagan con sexo.
Las mujeres solo tienen que ser delicadas, respetuosas, elegantes, serviles y no inteligentes, independientes y poderosas. Los machistas se asustan cuando están frente a una mujer profundamente segura de sí misma, profundamente independiente y que toma el control de la relación. No necesita de un hombre sino de un compañero, para crecer como seres humanos.
Cuantas veces he escuchado: “se sacó la lotería, se cansó con un hombre con plata” “ella es afortunada, ese hombre le hace de todo, ella no necesita trabajar…” Pues el trabajo no solo tiene la gratificación del dinero, sino que tiene la gratificación de crecer como individuo, de crecer como profesional y de ser independiente y capaz de afrontar la vida.
Afortunadamente la mujer ha ido reclamando su espacio en la sociedad y ya vemos mujeres en todos los ámbitos de la sociedad. Hay mujeres encabezando naciones poderosas, conduciendo ejércitos a las batallas, haciendo grandes hallazgos científicos… pero aún vemos los “concursos de bellezas,” ese circo exhibicionistas de las mujeres de fantasía y vemos también, a la mujer que se presenta con el apellido del marido y es el marido el centro de su vida y no ella.
Amigas, cuando vuelva a escuchar, “primero las damas”, dígales que primero los incapacitados, los discapacitados, las personas mayores y luego todos los demás, porque todos los demás son seres humanos iguales. Eso sí, si el barco se está hundiendo y dicen “primero las damas”, rompa con todas las reglas de la independencia femenina y móntese en las primeras balsas. Deje atrás a esos “guevones (sic)” machistas y que se ahoguen con sus normas de cortesías.
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Sí, Jack, jódete, la tabla es para mí
Rubén Darío Gil
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