Es que no puede ser de otra manera, ojalá todos los seres humanos tuvieran esa actitud frente a la vida: triunfar como ciudadanos, como padres, como estudiantes… como profesionales, como todo.
La humildad es una virtud para la gente común, pero un acto de hipocresía con el virtuoso que se sabe, el mejor. Nadie se pondría en las manos de un cirujano si dijera que él es “más o menos” bueno, porque se trata de la vida.
No podemos ser “más o menos” en la vida. Es imposible amar “más o menos”, hacer lo que nos apasiona en la vida, “más o menos”. El camino de los mediocres es el camino de los “más o menos”
Tendríamos que ver la vida como los “toreros” cuando están el ruedo resplandeciendo en trajes de luces: “o es el toro o soy yo”, “si no lo mato, él me mata”. Todo lo que hacemos en la vida debería ser definitivo para generar productos de calidad.
Así es Cristiano Ronaldo en la cancha y en la vida: entra con la gloria a cuesta… entra a matar.
El castellano acuña una palabra ambigua que es “envidiable”, es decir que causa admiración máxima, pero deriva de una palabra de poca virtud, que es la envidia y es practicado por los envidiosos.
Eso es la que causa Cristiano Ronaldo con su actitud “sobrada” sabiéndose “el mejor del mundo” cuando aparece frente a los contrarios. Lo miran con rabia, de reojo, señalándolo con los peores calificativos por su actitud triunfal… causa envidia porque es envidiable.
Admitir las virtudes y actitudes positivas de los rivales, es una acción de honor reservada a los buenos combatientes y a las almas nobles.
Cuando miramos la vida desde abajo, todo es enorme, pero cuando miramos la vida desde arriba, todo se ve muy pequeñito. La mayoría de la gente ve con recelo a los ganadores, a los poderosos, a las maquinarias triunfalistas y siempre apuestan a los débiles como un marcado sentido de venganza. Si por ejemplo, en el futbol hay un juego entre Alemania contra Camerún, los “envidiosos” apostaran en contra de los “envidiables” por “envidia” es decir, se irán por el que evalúan como el más débil porque se sienten entre los débiles. Por una razón de la ética de los perdedores, no se debería “hinchar” por el mejor, por el que ha hecho méritos para estar en la cima, por los que se han esforzado para ser los más fuertes. Todo lo contario, queremos que los “débiles” los aplasten como una forma de humillación. Este pensamiento e incluso esta ética de los fracasados, siempre derivan es actitudes destructivas o autodestructivas.
Cristiano Ronaldo, que curiosamente no se llama “Ronaldo” por el crack brasileño si no por Ronald Regan, el presidente estadounidense, está hecho de triunfos y sus detractores no le perdonan todas sus poses y arrogancias y solo quieren verlo humillado, fracasado y destruido. CR7 sabe que el despierta ese sentimiento y lo cultiva como una identidad en su imagen.
Curiosamente los “fans” de los ídolos también ven el mundo “desde abajo” y el “ídolo” que idolatran ciegamente se convierte en un modelo de vida a través de la imitación: vistiendo igual, admirando esa vida ajena, asumiendo conductas prestadas, llenándose de fotografías con esa imagen, persiguiendo hasta tocarlo como única meta de vida. Allí también penetra el mundo de los “envidiosos” y la historia está llena de ejemplos de asesinatos a celebridades.
Estar en la cima requiere del esfuerzo máximo de preparación: se trata de SER EL MEJOR. Ser el mejor futbolista del mundo como CR7, pero también se puede ser el mejor panadero del mundo, se puede ser el mejor padre del mundo, el mejor amante del mundo, el mejor estudiante del mundo, en mejor ingeniero del mundo, el mejor actor del mundo, el mejor fotógrafo del mundo… la ética de los triunfadores requiere de un esfuerzo superior al común de los mortales y allí anidan algunas desvirtudes derivadas de la ética “cristiana” como la soberbia, la arrogancia, el sentido de superioridad porque en la ética judeocristiana, “David siempre debería derribar a Goliat” y cuando no ocurre porque eso suele pasar, llega la maldad de los perdedores de oficio.
Cristiano Ronaldo fue un niño muy pobre, nacido en un hogar con muchos problemas. Su padre alcohólico arrastró a la familia “dos Santos Aveiro” a muchas penurias en Funchal, la capital de Madeira, una isla hermosa en el medio de la nada.
CR7 fue apodado “la abejita” por sus amigos de la niñez, por lo inquieto que era desde que jugaban futbol en las calles de Madeira. Su padre, quien fue utillero del CF Andorinha, lo llevaba a los juegos y lo motivaba a jugar. Sus amigos cuentan que desde el primer momento el soñaba con ser “El mejor del mundo” y todos se burlaban de la abejita.
Ese niño llorón, delgadito y muy pobre que jugaba con los zapatos prestados de sus primos tenía una fuerte personalidad:
“Cuando tenía 15 años, me acerqué a algunos de mis compañeros durante el entrenamiento. Lo recuerdo claramente. Les dije, “Algún día seré el mejor jugador del mundo. Cuando pierdes, es como si te estuvieses muriendo de hambre. Y cuando ganas, también te estás muriendo de hambre, pero te has comido una miga de pan. Se rieron. Todavía ni siquiera estaba en el primer equipo del Sporting, pero realmente lo pensaba. Lo decía totalmente en serio".
A los 11 años había ya dejado las calles de su pueblo, dejó esa isla en el medio del Atlántico y se mudó solo a la academia del Sporting de Lisboa. A los 15 le encontraron una afección cardiaca que casi destruye su sueño de convertirse en el “mejor” pero superó la operación y ha venidos superando todos los obstáculos que la vida le ha puesto, como el alcoholismo de su padre, su muerte y la adicción a las drogas de su hermano mayor.
“Al principio, ganar trofeos era muy emocionante para mí. Recuerdo cuando gané mi primera Champions con el Manchester, las emociones me superaron. Lo mismo con el primer Balón de Oro. Pero mis sueños eran cada vez más grandes. Supongo que así funcionan los sueños, ¿no? Yo siempre había admirado el Madrid y quería un nuevo reto. Quería ganar trofeos con el Madrid, romper todos los récords y convertirme en una leyenda del club”
Desde el 2007 ha ganado numerosos premios que lo designan como el “mejor del mundo”: 5 balones de oro, 5 balones de plata, 4 botas de oro, 2 “the best”, 4 premios Pichichi y es el máximo goleador europeo de todos los tiempos.
Su apoderado, Jorge Mendes afirma de CR7:
“Para mí es el mejor futbolista de la historia. Nadie dedica las veinticuatro horas de cada día de su vida a prepararse para ser el número uno. Su secreto es que siendo el mejor del mundo podría rebajar esa presión en su trabajo y nunca lo hace. Se entrena tanto o más que nadie. Lo tiene todo y eso no le hace relajarse. Sigue trabajando como si no hubiera obtenido nada. Eso le hace”
Para llegar a la cima, hay que subirla y en algún momento, hay que bajarla. Cristiano Ronaldo, a sus 33 años ya habla de su retiro y dice que jugará hasta los 41 años porque se siente e 25. Este muchacho humilde de Funchal pareciera que ha logrado todo en la vida: es millonario, exitoso y envidiable. Está consciente que tiene enemigos:
“El fútbol me ha enseñado que tengo que utilizar a la gente negativa como motivación. En realidad necesito a mis enemigos. Ellos me han ayudado a alcanzar todo que he ganado. Nadie es más exigente conmigo que yo mismo”
Por lógica, deberíamos seguir e incluso imitar a los exitosos pero por alguna extraña razón humana, muchos se van a las filas de los fracasados, de las sombras… con el único sueño de empuñar la espada de la venganza, de quienes seguramente no son responsables de sus miserias. Es el patético universo de los envidiosos cuando tienen de frente, a los “envidiables”
Cristiano Ronaldo salió de la pobreza y el anonimato deseando la grandeza y trabajando duramente por la gloria, ¿qué hay de malo en eso?
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