El corazón de Tomas es blandito como un masmelo y tranquilo como el agua mansa, es un corazón forjado con el amor y la pureza, puede parecer frágil pero así como es de inocente es fuerte como un muro de hierro, porque su fuerza viene desde antes, desde antes de que nos conociéramos, su alma ha trascendido tantas veces, ha descubierto y vivido tantas historias que ahora solo descansa y viene para recibir y dar amor.
Es un alma llena de sabiduría, forjada en un taller durante años, con reparaciones minuciosas y adaptaciones hechas a la medida de su bondad, una bondad aprendida quien sabe como, construida quien sabe como, pero tan grande que se vislumbra por los ojos, con una mirada que habla más que las palabras dichas a la ligera, una mirada sincera y apaciguada por la ambigüedad de su espíritu.
Así es el corazón de Tomas, así es su alma, así es su espíritu, así es él. Sinceridad, amor y humildad son las cualidades que sobresalen en su ser, porque también es capaz de regocijarnos con su carita inocente y sus saltos alegres. El ha venido a cuidarnos, a asegurarse de que llevemos bien la vida, el sabe bien lo que es eso, el sabe que su misión continua y que todo lo que ha aprendido tiene que enseñarlo sin palabras, y es que compartir con él es un devenir de buenas energías y sentimientos tranquilizantes y poderosos.
El corazón de Tomas es tempestad, quietud a la vez. Almita buena, almita resplandeciente, almita cariñosa, almita sabia.
El corazón de Tomás es puro amor.
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