Habían pasados seis meses de haberme graduado de la preparatoria técnica y aún no había encontrado trabajo, excepto por un ofrecimiento con el salario mínimo y en una ciudad lejana, no me quedó mas remedio que lanzarme a la aventura con los escasos recursos que había reunido como vendedor de libros casa por casa, traía los zapatos muy desgastados como para seguir caminando pero con lo que traía no podía pagar el pasaje, así es que me dispuse a pedir aventon.
No pasaron muchos minutos, cuando un trailero se detuvo y se ofreció a llevarme, -me queda de pasada, te llevo pero pagas los tacos--me dijo, -ok- respondí, después de todo el precio de unos tacos siempre iba a ser mucho mas bajo que un pasaje de doce horas.
Ya habíamos dejado muy atras el olor de los característicos arboles de flores amarillas que abundan en la Sultana del Norte y empezaba verse un poco más selvatico el aspecto de los parajes cerca de Veracruz, pasando por areas donde huele a crudo y donde la brisa marina empezaba a apoderarse de ambiente, el trailer detiene su marcha para estacionarse cerca de un taller de mecánica, -aqui vamos a cenar- me dice el trailero; enfrente de nosotros se veía un letrero que decía "Tacos por hora, El estacionamiento".
En ese momento me quedé parado como tratando de entender que estaba leyendo, primero "Tacos por hora", lo había visto como precio por taco o por orden, pero nunca por hora; la segunda intriga era, Quien le pondría a un restaurante "El estacionamiento".
-Buenas noches señores- nos dijo una señorita muy amable con acento jarocho, -buenas noches- respondí, podría explicarme como es eso de tacos por hora- se dispuso a explicarnos que pesaban a los clientes y hacía una operación matemática para determinar el precio a pagar por hora o fracción por ese cliente, por mas que se esmeró en explicarme, no lo entendí del todo solo recuerdo que tenía tallada sobre la madera del recibidor varios números, de los que sólo recuerdo el 1.91, lógicamente las personas de baja estatura y de poco peso pagarían mucho menos, lo cual estaba a mi favor, pero por otro lado mi nuevo amigo estaba bastante gordito, ni hablar, yo ya había convenido pagar la cena.
Cual será el truco, me preguntaba, sin despegar la vista de la enorme variedad de tacos, había de papa, frijol, carne deshebrada, barbacoa, chicharrón, tripas, hígado, gallina, nopales y como veinte guisos mas, entre los complementos había col, lechuga, rábano rallado, cebolla, cilantro, perejil, aceitunas, aguacate, tomate y otros mas que no se como se llaman, también había ocho tipos diferentes de salsas, sal, pimienta molida y siete recipientes con agua de frutas hasta arriba de hielo.
Apenas llevaba como veinte tacos y ya estaba completamente lleno, me parecía que no tendría necesidad de comer si no hasta el día siguiente por la noche, si acaso, y aún nos quedaban veinticinco minutos, en ese momento se acercó la encargada como a retarme a seguir comiendo, -ya acabaron?- nos dijo, aquí la gente viene a comer sólo una vez al día y con eso tienen, casi todos regresan por eso siempre está lleno, -podría contarme porque se llama "el estacionamiento"- le dije, "lo que pasa es que en el solar de enfrente hacían bailes y la gente dejaba sus coches sobre ese lado de la avenida para no tener que cruzar la calle al salir completamente ebrios, una vez el dueño decidió poner ese enorme letrero que dice "El estacionamiento" y aún así la gente hizo caso omiso, al morir el viejo el hijo mayor decidió vender enfrente y poner este negocio, por mas que lo pensó nunca se le ocurrió ningún nombre que le gustara a todos los hermanos, así es que lo dejó como estaba.
Pasamos un rato mas admirando las pinturas al óleo que hacía el menor de los hermanos, me llamo mucho la atención que en todas ellas aparecía una mujer desnuda en medio de llamas color azul, busqué a la encargada para que me contara acerca de ellas, pero no la encontré por ningún lado, al fin nos retiramos porque ya había vencido nuestra hora de tacos.