Amar, es el simpático y
zalamero jugueteo
de niños en mi interior;
un paraíso contradictorio,
recóndito en las entrañas
de la bestia deforme
en que me he convertido.
El amor es una muerte lenta
que se superpone ante nuestro camino,
con ternura y belleza indefinible;
se siente en los suspiros que brotan de nosotros,
como si las almas buscaran escapar de la carne
para abrazarse, y así arder juntas hasta el infinito.
Amarte, incluso en todo mi vacío,
hace contexto y ecos, que comienzan a llenar
con espacio, sonidos, imágenes y una luz cálida
la cual me envuelve, abraza , besa
y luego, materializado frente a ti,
habiéndome olvidado del mundo entero
cuando los cálices de nuestras bocas se fundieron.
El amor en nuestro interior arde;
es el fuego fatuo del pasado crepitante,
el cual entona canciones melancólicas
en su agónico y último llanto
bajo la lluvia de nosotros mismos.
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