…A todos los guardias dentro y fuera de la mansión… al sótano inmedia… Podremos capturarlo… Está aquí… No podemos permitir que… De… Mismo iré hasta… Repito, deben… al sótano… mente… El…antasma…Hanan Baal…
Greg iluminó el cuerpo de Phil con la luz de la lámpara. Aún tenía una la expresión del horror de aquellos minutos antes de morir marcada en su rostro como una máscara sempiterna hecha de carne. Del centro de su cabeza seguía saliendo sangre. Greg le cerró los ojos y le ayudó a suavizar la expresión de su rostro. Sus manos se llenaron de sangre, y allí en donde sus dedos se posaron, estos quedaron marcados. Estaba recuperando la audición y pensó de nuevo en el mensaje del lord comandante. Intentó comunicarse con él pero no respondía. Salió de la habitación. Estaba claro que debía dirigirse hacia el sótano. Olía a humo. Y de hecho, este provenía desde el otro lado de la enorme casa. Fue cuando llegaron a su mente la advertencia anterior que el mismo Gustav había hecho a través de la radio.
«Si el fuego llegaba a la cocina podría haber una explosión en la casa».
Seguía lloviendo con una inclemencia demoniaca. Los rayos caían como ángeles desterrados desde el cielo hacia el abismo mismo en las profundidades de la tierra. Sondeó los pasillos mientras iba recobrando fuerzas, mientras hilaba un pensamiento con otro, luego con ideas. Luego pensaba en todo lo que estaba pasando y en todo lo que iba a suceder. Escuchó disparos delante de él. Y ahora, frente a Greg se encontraba el pasillo que daba en dirección hacia el sótano. En donde debía ir. ¿Pero realmente por qué iba hasta allá? No era un guardia real. No era siquiera un guardia de segunda. Sólo era un muchacho pobre de la ciudad. Bueno, quizá no tan pobre, pero era pobre si se comparaba con cualquiera de los invitados que había podido ver en la fiesta. En los hombres gordos y creídos, los cuales parecían unos cerdos asquerosos y grasientos. Y en los hombres más jóvenes que parecían pavos reales: carecientes de fuerza pero llenos de demasiada destreza, maldad e ingenio. Y las mujeres, hermosas y demasiado complicadas para él, como laberintos a primera vista pero con soluciones simples: buscaban dinero y poder. ¿Entonces por qué bajaba? De nuevo recordó que podía haberse escapado. Aunque no conocía bien a la mansión, sólo debía saltar por una de las ventanas. Estaba en el primer piso de todos modos. Sólo debía agarrar a una de las pesadas sillas de roble que estaban en todos lados. O a cualquier objeto de metal de esos que estaban sobre las mesitas. Podría romper las ventas y así conseguir su libertad. Pero también quería adentrarse hacia el sótano. Phil, su amigo, aunque llevaba unos meses conociéndolo de la universidad, y que era un sujeto que no llevaba una vida muy diferente a la de él yacía muerto unos pisos más arriba. ¿Quería vengarlo entonces?
Mierda…Mierda. ¿En qué rollo me he metido? Han matado a Phil. Debería salir de aquí pero quiero matar a la responsable. No debería estar muy lejos. «¿Y sí es un fantasma al igual al que habías visto hace momentos en los monitores de seguridad?». No… Los fantasmas no existen —comenzó a caminar por el pasillo. «Pero viste junto a tu Phil que aquella figura era atravesada por balas de rifles AK-47 como si nada. Como si no tuviera carne ni materia». ¡Mierda! Hago esto por Phil! Y siguió caminando. Había más sangre manchando al piso y a las paredes. Había balas marcadas en estas. Y algunos cadáveres de hombres con uniformes como los de él. A continuación, puso la mano sobre la perilla y la jiró abriendo finalmente la puerta. Detrás de él hubo una explosión que lo empujó hacia adelante y sintió como toda la casa temblaba. Como los cuadros y algunos adornos en las mesas se cayeron. Cómo todo dentro de él temblaba como una gelatina. Pero se repuso y siguió avanzando hasta adentrarse en el sótano.
Fuente
¡Ese es el fantasma de Hanan Baal!—Gritaron seis hombres que portaban uniformes y rifles militares mientras apuntaban y disparaban sin necesidad de recibir ninguna orden superior.
El fantasma corrió en dirección de donde provenían los disparos esquivando las balas las cuales lo traspasaban como a un ser etéreo. Podía mirar a través de sus ojos resplandecientes como las centellas que azotaban a la oscuridad esa noche. Sacó su katana y cortó a uno de los hombres por la mitad. Estos gritaron del horror y siguieron disparando a discreción. Cada vez con menos precisión. Las balas daban contra las paredes, contra las ventanas y en contra de cualquier otro objeto menos al fantasma quien siguió cargándose a todos y a cada uno de los guardias de seguridad que custodiaban la puerta hacia el sótano de la mansión. Una vez hubo asesinado al último.
—Hanan—dijo la voz femenina del otro lado del comunicador de la máscara. —Hay más guardias adelante del pasillo. Puedo verlos. Deben ser al menos otro cuatros igual de armados que los anteriores. —El fantasma miró hacia una cámara de seguridad que lo miraba. Pensaba que quien sea que estuviera en el cuarto de seguridad estaría convertido en presa del miedo.
—¿Stella ya se ocupó de las cámaras?—Preguntó el fantasma.
—Está en eso, Hanan—dijo la voz de la muchacha. Ahora, prosigue con tu misión.
—No me lo tienes que recordar— le respondió Hanan Baal a la muchacha. A continuación, se dirigió hacia el pasillo lleno de algunos cuantos guardias aterrados. Habló para ellos a través de la máscara y un eco aterrador y fantasmagórico salió de ella haciendo que los hombres chillaran y comenzaran a disparar. Sacó la katana la cual resplandecía como una aurora azul y los partió a todos con la fuerza de un rayo a un árbol. Entró por la siguiente puerta.
—No se han podido encargar del incendio tal y como planeé—dijo la muchacha a través del transmisor.—En cualquier momento hará explosión. Deberías salir después de eso. Nadie más podrá ingresar a la casa. Voy detrás de ti.
—Entendido. Ten cuidado—Respondió mientras se adentraba al sótano. Miró hacia los bombillos. Dijo unas palabras y estos comenzaron a estallar uno a uno. Corrió hacia adelante. Los guardias estaban asustados y absortos. Las sombras eran sus aliadas. Se escabulló a través de ellas, zigzagueando a los aterrados guardias con la facilidad que tiene un tigre para camuflarse dentro de la maleza. No acabó con la vida de ninguno. Sería un gasto de energía innecesario.
—Stella está distrayendo a estos gorilas, no son ningún problema—dijo la voz femenina.—Pronto estaré contigo.
—Más adelante se encuentran los Poncrator—señaló Hanan Baal.—Seguramente me encontraré con Seymour y con algo más terrible que todos esos guardias.
—Seguramente. Ahorra tus fuerzas, Hanan. No hagas nada insensato.—Advirtió la voz. El fantasma prosiguió su avance. Saltó entre los candelabros como una sombra invisible. Esquivó a otros tantos guardias y pasó por algunas puertas. Distrajo a otros guardias de entre las escaleras y pudo continuar con su descenso. Entró por una enorme puerta de hierro.
Corrió como una sombra demoniaca a través del salón lleno de enormes estatuas de bestias del abismo. De bestias de algún imaginario diabólico y profano que había reunido en el fondo de aquella mansión a tan enormes estatuas de bestias con alas de murciélago, quimeras; dragones y enromes hombres y mujeres deformados por algo que sobresalía de sus extremidades.
Hizo sentir a uno de los hombres el filo de su espada pasar por su cuello. Atrajo a sus compañeros y también acabó con ellos.
Adelante estaban dos hombres de cabellos negros azulados dándole la espalda mientras contemplaban en una enorme jaula a una criatura con el cuerpo de un león gigantesco, con la cabeza de un águila; tres serpientes venenosas de diferentes especies por cola y alas de murciélago sobre un símbolo alquímico. Era una quimera que arañaba al suelo con sus patas delanteras con garras enormes, mientras que con las traseras en donde tenía cascos, pateaba a la jaula sin hacerle absolutamente nada.
—Hemos llegado tarde—dijo el fantasma comunicándose con la muchacha a través de la máscara.—Han podido crear una quimera.
—¿Qué?—Dijo ésta sorprendida del otro lado.—Puedo verla. Hanan, no queda otra opción. Deberás acabar con Walace y con Seymour Poncrator. Espérame a Stella y a mí para así encargarnos de la quimera. Por favor, no te arriesgues demasiado.
Hanan Baal se acercó sigilosamente hacia donde estaban los dos hombres Poncrator. La quimera se quedó mirando en dirección de él y realizó gestos de molestia como una bestia iracunda.
—Así que estás aquí—Dijo Seymour Poncrator dándose la vuelta. —El fantasma de Hanan Baal. —Una maldición que ha caído sobre nuestra familia. ¿Por qué no das la cara para que mi padre y yo podamos verte?—Hanan Baal caminó hacia ellos de frente. Walace Poncrator se dio la media vuelta y lo miró.
—El fantasma de Hanan Baal. Tan aterrador como me han reportado que es.—Señaló Walace Poncrator. Hanan Baal realizó un rugido fantasmagórico que no inmutó a ninguno de los hombres.
—Eres un perro que ladra y que muerde, maldita aberración—dijo lord Walace.—Pero no eres nada más que eso. Una aberración—. A continuación, del lado izquierdo de la habitación, se precipitaron varios hombres vestidos con uniformes de la guardia real, incluyendo al lord comandante, Gustav Fredick con sables sobre Hanan.
Hanan Baal reaccionó a la velocidad del rayo desenvainando su katana justo cuando los sables se aproximaban a su carne. Del que blandía Hanan Baal salió un rayo que envolvió a la espada cortando así a los sables enemigos de un sólo tajo. Los hombres que todavía estaban armados se abalanzaron sobre el fantasma en una segunda ola. Este se pudo defender con una espada que ahora ardía en llamas. A continuación, dio un golpe con la vaina de la katana justo en la rodilla de uno de los hombres. Este cayó de cuclillas al suelo, y le sirvió como soporte a Baal para saltar sobre él y caer detrás de los hombres. Justo detrás del lord comandante. La espada del fantasma ya no ardía en llamas. Instantáneamente atacó al lord comandante el cual reaccionó como un felino. Las espadas comenzaron a cantar, la vaina cayó al suelo. Hanan Baal y el lord comandante sostuvieron un duelo solitario por unos veinte segundos en donde ninguno parecía tener ventaja sobre el otro. Los guardias se acercaron y asestaron golpes con sus sables, Hanan Baal reaccionó e hizo arder una vez más a su espada en llamas, describiendo un rápido y ágil círculo de fuego como la cola de una salamandra a su alrededor lo cual alejó a los hombres.
— ¡Acaben con él!—Ordenó Walace Poncrator.
Los guardias atacaron de nuevo. La espada del fantasma brillaba como una aurora y de pronto esta gritó como una bestia cuando se llenó del poder del rayo, y así cortó al acero enemigo como también a sus carnes y huesos. Seis hombres cayeron al suelo de un solo golpe. Quedaban otros seis incluyendo al lord comandante. El fantasma sudaba detrás de la máscara. Dio varios pasos hacia atrás y de su traje sacó una pequeña pistola. Apuntó a los guardias, y de la pistola salieron rayos que acabaron con las vidas de cinco hombres. Ahora sólo quedaba el lord comandante de pie.
—Si querías un duelo uno a uno haberlo dicho antes—dijo con sarcasmo el lord comandante.—El fantasma guardó su pistola.
—No pensé que usted me daría el honor—Salió una voz fantasmagórica de la máscara de Hanan Baal.
—Una criatura del abismo como tú no merece ningún honor. Pero en cambio—dijo el comandante mientras se colocaba en posición de batalla. Hanan Baal hizo lo mismo.—Me haces un gran honor a mí—dijo. A continuación, las espadas comenzaron a besarse y a cantar.
A través de la puerta ingresó Greg y corrió el camino sin reparar en los otros guardias asesinados ni en las ominosas estatuas. Escuchó el sonido del acero chocando con el acero. Y cuando miró en dirección de aquel sonido, lo que vio fue a la cabeza del lord comandante salir volando mientras su sangre emanaba como una fuente. El cuerpo cayó de rodillas y luego sobre sí mismo. A su lado estaba el fantasma de Hanan Baal. O a aquello que había podido ver hace un rato a través de las pantallas. Entonces advirtió a la enorme y extraña criatura que estaba dentro de la jaula, mientras que fuera de esta se encontraban los señores Poncrator. El fantasma recogió la vaina de su espada y la guardo dentro de esta.
—Vaya, tal parece que mis hombres no son lo suficientemente buenos para entretenerte por mucho tiempo—bromeó el Walace. —Así seas un espíritu maligno o un demonio enviado para castigarnos por nuestros pecados. Nosotros los Poncrator nos impondremos sobre el demonio como hemos hecho por cientos de años y acabaremos contigo. —La puerta de la jaula comenzó a levantarse dejando espacio para que la quimera saliera de ella rugiendo como ningún otro animal que Greg hubiera escuchado nunca.
—Me pregunto si detrás de esa máscara se esconderá un rostro aterrorizado en estos momentos—dijo Seymour en voz alta, la cual resonaba en los pasillos de esa habitación como un eco lleno de furia. —Quizá te asombra que esta criatura no nos haga daño. Pero sería incapaz de hacerle esto a sus dueños—Ambos hombres salieron de la habitación a través de una puerta trasera. Hanan Baal desenfundó la pistola y comenzó a descargar balas de electricidad en la quimera. La bestia rugió lanzó un zarpazo con sus garras enormes las cuales el fantasma logró evadir saltando. Entonces la quimera lo golpeó con la pata delantera arrojándolo como a un muñeco contra la pared.
La quimera volvió a rugir. Greg no podía creer nada de lo que estaba pasando. Así que hizo lo primero que se le vino a la mente. Sabía que si esa cosa lo veía saltaría encima de él. Así que sacó su rifle y lo descargó completamente en contra de la bestia. Las balas fueron a dar en su pico y abdomen. No lo hicieron retroceder pero de las heridas emanaba sangre. La quimera rugió estruendosamente. Greg quiso escapar pero las piernas no le respondían. Entonces, más adelante, en el punto ciego de Greg salieron más disparos.
Hanan Baal se había recobrado y disparó cinco veces y se detuvo. La quimera lo atacó con el enorme pico tan grande como un arpón para cazar ballenas. Pero se escuchó el sonido de un rayo, y así la enorme bestia se echó para atrás con la parte superior del pico caído, y la mitad del pico inferior cercenado y con toda la cara cubierta de sangre que le cegaron los ojos a la bestia que gritaba de dolor.
Greg miró ese ominoso espectáculo. Estaban matando a la bestia. La estaba matando aquel demonio enmascarado. Sintió una presencia detrás de él. Una presencia humana. Se volteó. Era la muchacha de hace un rato. Esta le enterró un puñal en el pecho. Greg cayó en el suelo con el puñal todavía clavado y miró a la mujer salir corriendo en dirección hacia la bestia ahora con dos dagas resplandecientes como la luna en sus manos. Se arrastró hacia ellos con la vida escapándosele. Se sentía frío. Miró por fin cómo el fantasma de Hanan Baal y esa mujer subía por el cuello de la quimera, degollándola. Ahora miró hacia atrás donde podía sentir unos pasos. Era la muchacha de cabello blanco y de ojos dorados que había visto en la fiesta.
La muchacha lo miró y le dijo:
— ¿Los fantasmas son terribles, no es verdad?—Y Greg sintió que se congelaba.