Hola amigos de esta cofradía steemiana, con este post iniciaré una saga de relatos históricos, enmarcadas en las parejas que marcaron trascendencia en el ámbito político, artístico, científico, literario y en otros espacios de la historia mundial. Hoy cederemos el espacio al héroe de la libertad hispanoamericana, nuestro Simón Bolívar y su amor secreto Manuelita Sáenz. Veamos cómo se desarrolló este amor de la historia venezolana
Manuela Sáenz, nació en la capital del Ecuador, Quito, el 27 de Noviembre de 1797, hija de un español y de una nativa criolla ecuatoriana quien falleció al momento de su nacimiento, quedando huérfana de nacimiento, por lo que quedó bajo la custodia de su padre quien le encargó su educación y cuidados a las monjas Conceptas del Monasterio de la Inmaculada Concepción, lugar que contribuyó a forjarle su espíritu de luchadora por las causas independentistas y libertarias, a través de la lectura acuciosa y rigurosa formación.
En edad adolescente, se separa de las monjas y continúa su formación en el Monasterio de Santa Catalina en Quito, donde aprendió inglés y labores manuales que le servirían para sus días postreros. Se une en matrimonio por conveniencia con el inglés James Thorne, quien admiraba su temple y recio carácter. José de San Martín la condecora con la orden de “Caballeresa” con la orden del Sol de Perú.
1821 es el glorioso año en el que se encuentran dos almas unidas por el prodigio de su amor.
Es en ese año cuando el Libertador Simón Bolívar, se cubre de gloria y recibe miles de invitaciones por los distintos países de Suramérica para ser vitoreado por sus logros libertarios. Manuela Sáenz ya conocía de su trayectoria y obra, lo amaba antes de conocerlo, lo admiraba y defendía sus ideales con férrea convicción.
El encuentro de esas almas rebeldes se produjo en un baile de gala celebrado para honrar al Libertador, ella se las arregló para bailar toda la noche con su héroe, oportunidad que aprovechó para ganarse su afecto y admiración, al describirle sus hazañas por la defensa de su país con su preparación como mujer de batalla y aguerrido temperamento. Ocasión que le valió la frase dicha por su admirado amigo:
”¡Oh¡! mi insigne señora, si mis soldados tuvieran tan solo un atisbo de su puntería, ya le habríamos ganado la guerra a España”
La admiración se hizo recíproca, así como la irresistible atracción entre ambos, que no tardaron en convertirse en amantes fervorosos, a pesar de todas las voluntades en contra. Los amigos de Bolívar la veían como una amenazadora distracción para sus proyectos bélicos. La sociedad, la condenaba a ella, cosa que no le afectó, y con paso decidido, acompañó a su hombre en toda su gesta libertadora hasta el fin de sus días en el año 1830 cuando éste falleció en la ciudad de Colombia.
Tanto Manuela como el genio de la libertad, compartían los mismos ideales y pasiones, por lo que se complementaban a la perfección, y aun cuando no podían estar juntos, por los múltiples compromisos militares del libertador, acortaban las distancias con reconfortantes cartas llenas de un apasionado y ardoroso verbo erótico. En una de esas tantas cartas, que el tiempo aún conserva como testigo tangible de su innegable amor, dice:
“(…)entiendo que satisfaciendo mis caprichos, se inundan mis sentidos, pero nada me es suficiente, no logro saciarme, no hay nada que se compare con el ímpetu de su amor” le escribió Manuela a Simón un 14 de abril de 1825.
De esa manera estos dos seres vivieron su amor, en medio de las distancias, las armas y el coraje de la guerra, hasta el final de sus día físicos, pero que ha trascendido las dimensiones del tiempo y de la historia.