Platón
Saludos cariñosos amigos de Steemit, el día de hoy les platicaré, referente a un tema que diariamente gana más terreno, en el campo de las relaciones interpersonales, considerado un aspecto importantísimo en la crianza de nuestros niños y adolescentes. Se trata de la inteligencia emocional, acompáñenme a escudriñar más afondo sobre este tema.
Veamos en primer término ¿Qué es la inteligencia emocional?
Se define, de acuerdo a los estudios realizados por renombrados psicólogos como Peter Salovey, John D. Meyer y Daniel Goleman, como la capacidad cognitiva que facilita el comportamiento interpersonal.
Implica además, la capacidad de reconocer, entender y manejar nuestras propias emociones.
Reconocer, entender e influir en las emociones de los demás.
En términos aplicables a la realidad, es saber lidiar con las circunstancias adversas, o, a favor, que se nos presenten en nuestro diario interactuar con las personas que nos rodean. Mantener una actitud equilibrada ante el éxito o el fracaso, sabiéndonos manejar en medio de la tristeza, sin caer en estados depresivos ni de minusvalía; o experimentando la alegría sin desencadenar en estados de euforia descontrolada.
Adquirir o desarrollar esas capacidades es esencial, para mantener un adecuado trato con nuestro entorno, comenzando por la familia, haciendo que éste comportamiento se haga extensivo a nuestros amigos, conocidos, compañeros de trabajo, jefe y las personas en general con las que pudiéramos toparnos en la calle.
Eso denota mucho cuán saludables estamos con las emociones. Los psicólogos le llaman a este proceso Inteligencia Emocional, considerado un factor más importante incluso, que el coeficiente intelectual.
Origen de la inteligencia emocional.
Para el año 1990, Peter Salovey y John D. Meyer, fueron los primeros en colocar el término en el tapete de la investigación científica, a través de la publicación de un artículo, que definen la Inteligencia Emocional como:
“el subconjunto de la inteligencia social que implica la capacidad de monitorizar los sentimientos y emociones propios y de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar el pensamiento de uno y acciones” (1990).
Ahora bien, ¿cómo lograr desarrollar esta capacidad de lidiar positivamente con nuestras emociones y la de los seres que nos rodean?
Ambos autores se valen de cuatro factores o mecanismos que debemos aprender a manejar para lograrlo:
Número uno: Percibir las emociones
El primer paso para la comprensión de las emociones es darse cuenta que se están manifestando con precisión y objetividad, en muchos casos, es necesario valerse de otros recursos como aprender a intuir, las expresiones corporales y el lenguaje no verbal, una mirada, un gesto predeterminado a una actitud, un suspiro, la posición o movimiento delas manos.
Número dos: Utilizar las emociones para promover el pensamiento y la actividad cognitiva
Las emociones nos ayudan a establecer nuestras prioridades, respondiendo de manera emocional a aquello que capta nuestra atención. Por lo tanto es importante determinar con objetividad que es realmente importante para que nuestro cerebro aprenda a “filtrar” esas emociones útiles, para el desarrollo de nuestro buen comportamiento, o lo que es mejor, nuestro comportamiento saludable.*
Número tres: Comprensión de las emociones
La manifestación de las emociones tiene una gran variedad de matices en su significados, en los cuales debemos aprender a tener agudeza interpretativa a fin de discernir qué es lo que nos quieren queremos manifestar.*
Pudiera ocurrir que nuestro jefe expresa un ataque de ira, lo que pudiera interpretarse en primer lugar, como un ataque directo a nuestra persona, o que llegó de mal humor porque tuvo una pelea con su esposa.
Número cuatro: Gestión de las emociones
Ese es el factor más importante de la inteligencia emocional, ya que es el que permite administrar las emociones, regulándolas, para responder adecuada apropiadamente, a las manifestaciones emocionales de los demás.
Ésta manera de proceder, nos convierte en “gestores de emociones”, permitiéndonos establecer mejores relaciones con nosotros mismos y con nuestro entorno.
El psicólogo venezolano Daniel Goleman, publicó un libro (2006) en el que aborda ampliamente el tema, señalando que la inteligencia emocional es la capacidad que tiene una persona para manejar sus sentimientos adecuada y efectivamente.
Es la manera inteligente de enfrentarse a los problemas sin que éstos te arrollen sin control, impidiéndonos sucumbir en crisis y en disfunciones interpersonales.
Goleman agrega que de esta manera, adquirimos conciencia de nuestras emociones, y somos selectivos a la hora de expresarnos, desechando lo que nos perjudica.
En esta sociedad convulsa en la que nos desenvolvemos, donde andamos inmersos en nuestras ocupaciones, no nos damos cuenta cómo respondemos a nuestros semejantes y no somos capaces de leer su mensaje, interpretándolo muchas veces, de manera equivocada.
De la misma manera ocurre cuando somos nosotros los emisores del mensaje, en la que frecuentemente elaboramos prejuicios y preconceptos, que en su lugar, deberíamos influir positivamente con nuestras emociones.
Se trata entonces amigos de interactuar correctamente con los que nos rodean, sin importar el lugar, la situación o de quién se trate. Ser empáticos, ponerse en el lugar de tu interlocutor, hablar menos y escuchar más.
En las relaciones profesionales, las personas con buenas habilidades sociales, son capaces de construir buenas relaciones y conexiones con los compañeros de trabajo. Saben desarrollar una estrecha relación con líderes, iguales y subordinados.