Saludos cordiales amigos, deseando que encuentren de los mejor. Por acá les traigo un tema que bulle con gran resonancia en la contemporaneidad. Se trata de la música creada para las grandes masas de la sociedad, y que no siempre es de calidad, sino fabricante de euros y dólares. Acompáñenme a descubrir de qué se trata.
Si nos detenemos a pensar en la música como como un aspecto intrínseco en nuestras vidas, deducimos que es un elemento vital. A menudo escuchamos de las personas:
“La música es mi vida”, “Yo sin música no vivo” o algo como:
“Yo no concibo la vida sin la música”.
Efectivamente, tales afirmaciones tienen sentido, porque de acuerdo al orden universal, Se basa en tres principios fundamentales:
Luz, Calor, y Sonido.
Por lo que éste último componente, el sonido, tiene una marcada influencia en nuestro desarrollo integral como ser humanos. En la antigüedad, la música tenía un valor estético musical, dirigido a un selecto público intelectual, de pensamientos y gustos más etéreos, que permitía la elevación del espíritu hacia estados superiores. No comulgaba con la prole, cuyos gustos musicales se basaba en cantar con una cítara o lo que hoy es guitarra, sus penas y escenas de la vida cotidiana.
No tenía ese valor arte – sociedad que tiene ahora, cuyas producciones discográficas revelan una visión histórico – cultural, como lo revela el psicólogo Vygotsky en su teoría de los procesos cognitivos, en la que señala que la expresión de la cultura, tiene que ver con el entorno donde se desarrolla el individuo y lo que aprende de éste, lo expresa en todas las manifestaciones históricas de su cultura.
Aparecen entonces las producciones musicales para complacer a las grandes masas de la sociedad, con letras de poco valor estético y literario y con arreglos musicales que dejan mucho que desear (salvo algunas excepciones), pero cargadas de valor sentimental y de pintoresco color cotidiano.
De allí que muchas veces, en mi caso particular, me pregunto, ¿Cómo una disquera puede financiar producciones musicales tan mediocres?
Pero precisamente esa es una de las señas culturales de la música de vanguardia, en donde han nacido estilos musicales populares de variados géneros locales. De acuerdo a la historia, esto nace a partir del fin de la segunda guerra mundial, ante la inminente caída de la clase pudiente que mermó considerablemente, la asistencia a los grandes conciertos ante las ruinas de los teatros y los salones, para dar paso a la música de las pequeñas orquestas de cámara.
Luego emergió una juventud fresca e innovadora, con la producción de géneros musicales populares como la zeitopern, una especie de ópera combinada con el deporte y la tecnología, que generó luego en el jazz, y levantó mucho polvo racista, ya que era una música dedicada a la prole, pero de la mano de intelectuales. Tales composiciones representaban ritmos nuevos y excitantes para las nuevas generaciones, que veían representadas en ellas, su energía vital, sus sueños y anhelos.
A partir de los años 60 con la llegada de la televisión y los tocadiscos de vinilo, se inició una oleada de programas musicales y con ella el impulso y empoderamiento de la industria musical con una impresionante producción disquera, ocasionando en el público un fenómeno hipnótico por la música, con una reacción gregaria de las masas.
Con frecuencia escuchamos a las generaciones de mayor edad que no les gusta los ritmos modernos, ya que buena parte de esa música, está compuesta de manera intencional, siguiendo la escala de los doce tonos, que según los expertos, produce sensaciones especiales y efectos neuronales, en la celdillas del cerebro, que los vuelve eufóricos y con una motivación y excitación fuera de lo normal.
Un experto en ingeniería musical, Richard Warren Lipack, afirma que la industria de la música es un monstruo que utiliza la psiquis humana para infligir en su subconsciente, tonadas y melodías capaces de influir en la conducta del hombre. Es por ello, que enfocan el mercado musical en mover a las masas a su antojo, a que consuman música en cantidad, sin impostar la calidad.