Luego de estar un largo tiempo observando, sin mirar, a través de los cristales de la ventana, retrocedí sobre sus pasos débiles. Entre las paredes de ese reino oscuro, la luz se tinabla entre anticuadas cortinas, golpeó ahí donde se iba estropeando el papel pintado, pero.. ¿Qué me tiene que importar si en aquellas infinitas esquinas del cuarto se encontraba un hombre humorista y animoso? Si por dentro estaba muerto y su alma podrida. Eso era lo que encontraba tras la puerta, el mundo no era real. Y, de seguro, eso lo estaba matando. Solo él sabía lo que había dentro de la máscara que los demás veían.