Lucía, la matriarca de los Mijares
Lucía Mijares se llama la matriarca de mi familia paterna, mi abuela. Según sus hijas y nietos nació en el año 1900. Ella murió en el 2003, pero su legado sigue vigente. Por ese motivo hablaré de ella como si estuviera viva, como si aún jalara escardilla en su caño, como si todavía corriera detrás de sus nietos e hijos con un chaparro en la mano para hacerles obedecer sus órdenes. Como si todavía masticara chimó y manchara un pedazo del piso de cemento pulido al escupir el residuo negro de dicho vicio.
Yo la considero la Mamá Pancha de la familia. Sí, así como la canción del recordado Alí Primera, el cantor del pueblo venezolano. Mi abuela se dedicó por completo al cultivo de su huerto familiar, sembraba quinchonchos, caraotas, plátanos, caña de azúcar, naranjas, mandarinas, guanábanas y todo árbol frutal que le diera ese colorido a su hermosa tierra.
Fumaba con la candela pa’ dentro, se tomaba sus tragos de ron, fumaba tabaco y Dios le dio un don para adivinar. Era algo así como una vidente autóctona de su región. De piel oscura, más de lo normal, quizás por el inclemente sol que la bañaba. Su pelo malo, chicharrón como se dice en criollo (venezolano). Coqueta y mona, pues a su enredado cabello siempre le hacía una especie de clineja que aunque el cabello no le llegaba a los hombros siempre trataba de que las trenzas le quedarán lo más perfectas de lo que le dejaba su pelo rebelde.
La abuela Lucía en sus años mozos
Muchas canas, productos de los años y de sus experiencias. Llegó al sector La Compañía, vía Vigirima, estado Carabobo en 1932, ya grande y madura. Allí se forjó con trabajo y dedicación el respeto de sus vecinos. Arreó con siete hijos: dos varones y cinco hembras. Los genes en la familia Mijares son más resistentes en las féminas, pues ellas aún viven, ya son bisabuelas y algunas ya casi tatarabuelas. Imagínense ustedes.
Lo más peculiar de todos los hijos de Lucia son sus nombres. Todos sacados del santoral, para mi gusto un poco ortodoxos y feos (espero que no me lean mis tías). Mercedes es el nombre más bonito, pues nació el 24 de septiembre y le pusieron el nombre de la virgen que conmemoran en ese día. No estoy seguro y más por respeto de poner los otros nombres de mis tías paternas por aquí, pero que pueden esperar, si yo me llamo Theodoraskis.
El legado de mi abuela sigue, pues sus hijas, nietos, nietas, bisnietos y bisnietas continúan sembrando todo lo que sea comestible en ese espacio de tierra que mide diez hectáreas. Todos sus descendientes son recios, altos, fornidos, de carácter rebelde, pero trabajadores y unidos. Así es el legado de los Mijares. Así es el matriarcado de Lucía.
Me puedes seguir también en @theodoraskis e Instagram