Se despidieron. Luego de 32 años juntos tuvieron que separarse, y no hubo amores terceros, ni amantes escondidas. No hubo celos enfermizos ni burlas baratas, en el tiempo compartido fue el amor el que mandaba.
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Él no sería una carga y ella no iba a dejarlo solo, porque acordaron ser un equipo desde antes del matrimonio. El esfuerzo era equitativo a pesar de lo avanzado de su cuadro pero él hizo lo que pudo para que a ella se le aligerara el trabajo.
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Ella veló sus noches y él animó sus mañanas, ella evitó su deterioro y él aceptó todo sin quejarse. Fue perdiendo los sentidos y ella se volvió su guía. Temieron juntos por el diagnóstico y mientras ella oraba pidiendo que no sufriera, él pidió para ella fortaleza y juntos afrontaron el desenlace.
El amor no sabe de cáncer... Y viceversa.
Y se despidieron, como quien sale de un lugar satisfecho pero sin ganas de irse. Luego de tres duros meses Uri le dijo adiós a José, quien fuera el amor de su vida. Para ellos toda mi admiración y este pequeño pedacito de homenaje.