Un Recuerdo.
No contemplo tus opiniones, tu sonrisa es más digna de un retrato que de una fotografía, nadie conoce la suavidad del lienzo, el trazo, la manera en cómo se van gestando las formas, tu si me comprendías a pesar de ser tan descarada. Combinábamos esos colores y los repartíamos por el cielo hasta el amanecer, ahora somos seres intangibles que se figuran el uno al otro, quizás no sea cierto, pero me gusta creerlo.
Solíamos desafiar a la noche y a su bruma más temible, para encontrar el camino perdido que tú y yo soñábamos, como dos locos fantasiosos. Es gracioso Eva, que dos individuos que se querían tanto ahora ya no puedan verse, este cigarrillo es de compañía más amena y no es necesario que comprenda mis problemas, como tú siempre lo hacías a medias.
Un Delirio.
Sigues sonriendo, a veces me pregunto si tendrás sentimientos o siempre fuiste una Gorgona, que con tu mirada frívola y viperina petrificabas al darse uno cuenta, que estabas vacía. Eres un fantasma que vaga por este mundo condenado a la espera de un final escatológico, pero lo más irónico, es que eso no te importaría. Tu personalidad era digna de analizar, mi mente ha quedado bastante obtusa tratando de aprender de ti, quizás soy un exagerado, pero lo siento Eva, sabes bien que soy así.
Las horas pasan en este lugar vacío y sin vida, esta calle con esa sola lámpara y este silencio sepulcral son perfectos para que mis pensamientos cobren vida, y tu Eva, la que una vez fue “La dulce Eva” la que alguna vez fantaseaba con un edénico futuro conmigo, ahora te pones frente a mí para otorgarme tu sarcástica sonrisa ¿está mal que quiera romper a llorar en el silencio tortuoso de esta noche? Tú me dirías que sí, lo sé, pero esa es otra cosa en la que no estaremos de acuerdo.
¿De verdad estás aquí? Claro que no. Te imagino así porque eres la representación de mi torpeza, de mi terrible delirio convertido en desesperación, eres la flecha que se rompía al tratar de penetrar en mi coraza, sin importar cuanto lo intentaras. Éramos los protagonistas de épicas peleas plagadas de incomprensibles sentimientos. ¡Ay Eva, mi dulce Eva! Ojalá estuvieras de verdad aquí, frente a mí. ¡Ojalá! Pero ahora solo puedo tenerte así, fantaseada, clavándome esa mirada, perfecta para alimentar mi amargo desconsuelo. Ahora eres el epicentro de mi desdicha, de mis soledades, eres la amada que ya no existe, la que se ha ido con terrible adiós ¡terrible! La que es llorada por mi nostalgia, la ácida, la que alguna vez fue mía.