¡Volví! ¡Si! ¡Volví!
Volví a ese lugar mágico, volví a ese lugar donde fui feliz alguna vez, volví a ese lugar que no sabía que volvería y que lo haría una y mil veces. Dicen que uno vuelve a los lugares donde fuimos felices ¿no? Al entrar al lugar pensé que era un castillo, la decoración era clásica vintage, todos eran felices y bailaban al compás del jazz y otros iban a la terraza a mirar la hermosa luna llena que nos regalaba esa noche, todo era tan perfecto que parecía un cuento de hadas aún no puedo creer lo feliz que fui. En una esquina de la sala se encontraba José y su familia diría que es el chico más hermoso de todo el lugar, me observa fijamente mientras me fumo un cigarrillo, sonríe un par de veces me guiña el ojo. Mientras todos beben y bailan alrededor de la sala, él solo esta ahí observándome como un tonto, ¡demonios! que mirada tan linda la de ese tonto, ponía mi cabeza a dar vueltas y al corazón latir muy rápido, no tenía idea de lo que estaba ocurriendo. Amaba esa mirada de dulce picardía.
Al otro lado se encontraba su ex novia quien ya tenía rato observándonos con una mala cara, pensé que él la sacaría a bailar pero no, el continuó mirándome como un loco perdido de amor. Su padre ahí esperando que su hijo saque a bailar a alguna chica del lugar mientras todos bailaban de aquí y de allá, nuestras miradas decían más que mil palabras tanto así que llegó a tocar mi alma sin ponerme una mano encima. Su madre de lejos lo mira y sonríe, pues... Ya había percibido el amor en el aire, ya que cuando dos personas se aman no es tan difícil notarlo. Y todos bailaban y reían, entre amor risas y miradas de picardía.