Hace años conocí la historia contada por el escritor norteamericano Mark Finley, acerca de Kim y Steve. Un matrimonio aparentemente feliz como muchos que existen hoy en este miserable planeta, que vivía en Dayton, una ciudad de Estados Unidos. Y como, los acontecimientos de la vida los iba a convertir en protagonistas de uno de los hechos, que por parecer absurdo, mucha gente no quiere creerlo.
Steve acababa de ganar la lotería de Ohio. Eran varios millones de dólares los cuales cobraría a razón de 107.000 dólares por año, por 20 años. Y Kim, su esposa, estaba eufórica, emocionada, tremendamente extasiada por la noticia. Pero ella, afrontaba una seria dificultad. Tenía un amante. El nuevo estatus económico social le complicaba su relación adúltera. Pero no quería dejar ni el dinero ni la aventura con su amante. Por lo cual, decidió mandar a asesinar a su esposo. Cuando planificaba el crimen con el asesino por teléfono, su hijo de 21 años escuchó todo y se lo contó a su padre, por lo cual la denunciaron a la policía, fue detenida y llevada a la cárcel.
La gran pregunta que nosotros haríamos a cualquier lector que le haya sucedido lo mismo es ¿Cómo reaccionaría Ud. ante el comportamiento de esa mujer que era su esposa? ¿La tomaría en cuenta más adelante? Con toda seguridad, la casi totalidad de los afectados la dejaría que se pudriera en la cárcel. Pero, sorprendentemente Steve no la abandonó a su suerte y mantuvo contacto con ella de manera frecuente. La visitaba a menudo y suplía sus necesidades elementales. Buscó asesoría legal, retiró las acusaciones que había montado contra ella, logró le redujeran la pena y al final pagó la fianza y la sacó de prisión. Su amor, su candor, su fidelidad tocaron las fibras más intimas de Kim y comparó la antigua aventura que tuvo, con el verdadero amor que este hombre le prodigaba.
Y sucedió lo “absurdo”. ¿Cómo desperdiciar la fidelidad de este ser que hizo todo lo que hizo a pesar de sus malas decisiones? ¿Cómo seguir siendo infiel cuando lo dio todo para sacarla de aquel infierno? ¿Cómo no aceptar ese gran amor que estaba frente a si? Cuando salió de prisión Kim se echó en sus brazos y le dijo “Por favor nunca, nunca me dejes”. Muchos tildaron de loco a Steve y él lo dijo de manera sencilla. “Si, el amor verdadero tiene mucho de loco”.
¡Así es el amor de Dios!. Incondicional. Nada de lo que hagamos va a disminuir el amor que Dios tiene por nosotros. Nuestras acciones no determinan su amor, lo determina su propio corazón. Cuando nos llama a unir nuestras vidas a él, cuando nuestras malas acciones quebrantan su corazón, cuando nuestras equivocaciones le afligen constantemente, nada quebranta su amor por nosotros. “El amor de Dios por la raza humana es una forma peculiar un amor nacido de la misericordia, pues el ser humano es completamente inmerecedor... La misericordia implica la imperfección de aquel sobre quien se la confiere. La misericordia comenzó su existencia activa debido a la imperfección del hombre”. Helen White. Pero está en cada uno de nosotros reconocer ese amor y de una vez por todas echarnos en los brazos de nuestro Salvador y Redentor: Jesucristo.