Era domingo, y en vez de haber podido difrutar mi fin de semana, un malestar estomacal me había hecho permanecer en casa.
Para mi sorpresa a eso de las tres de la tarde llego mi sobrino, decidido ha hacer que su tía se sintiera mejor.
Traía con el sus juegos, un domino, y tres rompecabesas.
Iniciamos con el domino y para mi sorpresa su entusiasmo, habilidad para jugar en combinacion con su inocencia me permitió disfrutar del resto de la tarde.
Me distrajo del malestar que tenia por un rato y reí con sus ocurrencias.
La sonrisa de un niño no sólo puede llenar tu día y cambiarlo al punto de hacerte olvidar lo que hace oscuro tu día. Ese rayito de luz que te abriga y como medicina hace que te sientas mejor.
La próxima vez que tengas oportunidad, dedica tiempo a los más pequeños no sólo puedes enseñarles a ellos.
Con una simple sonrisa pueden darte esperanza, llegando a ser ellos quienes te recuerden las más grandes lecciones de vida.