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Continuando con esta guía de la glorificación, vemos que el Señor Jesucristo en su venida nos dará un cuerpo glorificado, apto para estar ante su presencia donde no tendrá pecado, enfermedades ni nada parecido al cuerpo actual. Nos redimió: "Espíritu, alma y cuerpo", este último tiene su transformación asegurada.
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Efesios 1:13-14
Dios ha prometido a todos los redimidos una gloria incorruptible y eterna. Somos la obra sublime de toda su creación y dejó todo preparado para completar esa obra y llevarnos a su presencia libres del pecado, del poder del pecado y de la presencia del pecado ya en nuestro cuerpo glorificado.
estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
Filipenses 1:6
Seremos verdaderamente y completamente libres de la enfermedad y de la muerte.
Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
2 Corintios 4:16-18