Muchos de nosotros invertimos gran parte de nuestras fuerzas y de nuestra vida buscando la plenitud. Buscamos alcanzar sueños, personas, dinero, amor, éxito entre otros, creyendo que allí está la plenitud pero al final terminamos vacíos, cansados y abatidos, porque estos solo son un complemento de la plenitud, pero no es la esencia de esta.
Esto ocurre porque al Padre quien nos creó, dispuso que la plenitud de la vida solo habitase en su hijo Jesucristo, por lo que si lo alcanzamos a Él, lo tendremos todo. En Cristo es la paz, el gozo y la justicia que no depende de lo que está fuera de nosotros o de alguna circunstancia sino de Él, que desea siempre habitar en nuestro interior para saciarnos de plenitud constante sin importar la circunstancia externa.
Te invito hoy que invites a Jesucristo a tu vida y empieces a conversar con El y valorarlo porque es real y traerá la plenitud que siempre has buscado.
Bendecido día