Una de las mayores desgracias por las cuales vienen desde hace muchísimo tiempo cruzando las diferentes disciplinas teórico-prácticas consustanciadas con la profesión docente, es la que tiene que ver con la evaluación del aprendizaje.
Sabemos bien que la acción evaluativa que los docentes efectúan acerca de la marcha de todo aquello consustanciado con lo que los estudiantes aprenden al fragor de la instrucción, viene encarnando a lo largo del devenir, una serie de situaciones unidas (en lo que respecta al alumno) al dolor, al miedo... También (en lo que respecta al maestro) al autoritarismo, a la indolencia. En uno y en otro caso, el bajo sentido de proporciones es lo que viene trazando tan aciaga tradición.
Unido a ello, ya en la década de los '70 vino imponiéndose en las escuelas medias y universitarias de formación de profesores, una onda caracterizada precisamente por "voltear (lineal y acríticamente) la tortilla"... Embadurnada de tal moda, afloró una pléyade de desvaríos entre los cuales se hallaba la desaparición de las pruebas de desarrollo y la generalización monovidente de las llamadas "pruebas objetivas". Tomada de la mano de esto, afloró asimismo una moral que llevaba consigo la noción de que al alumno hay que tolerarle prácticamente sus fortalezas (lo que es un valor positivo) y todo aquello que tuviera que ver hasta con sus flaquezas.
La evaluación escolar en tanto proceso humanocéntrico a través del cual el maestro (que ha de ser un experto, no un "facilitador") establece mediciones cuantitativas y cualitativas del aprendizaje que el alumno ha tenido que registrar y evidenciar, se relajó de tal manera que se transfiguró en una suerte de "todo vale" o de "nada vale". Los instrumentos de evaluación escolar, así, se convirtieron en gran medida en cualquier cosa.
Hay que decir que tanto en los tiempos represivos del pasado como en los tiempos alcahuetes del presente, la trampa ha existido. La trampa -de alguna manera- ha existido en el lado de los estudiantes, en el lado de los maestros y también en el lado de ciertas autoridades que de manera pestífera toleran y hasta llegan a gestar.
¡Oh, cuánto recuerdo que en aquellos años '60, estudiando yo la carrera docente en una centenaria universidad pública caraqueña, la asignatura Evaluación Escolar (administrada por el Dr. Francisco del Olmo) constituía una de las fundamentales del respectivo plan de estudios!
El sentido de proporciones tanto en la concepción de las materias unidas a la evaluación escolar en lo que son las carreras de formación docente en muchísimos países, como en la asunción de tal asunto por parte de las "autoridades educacionales", constituye hoy por hoy una de las mayores rémoras en la instrucción.
Si con el régimen presencial en esas escuelas de formación de maestros, la evaluación escolar viene resultando algo subalterno, ¡imaginen no solo cuán trasquilada ha de ser la competencia de los educadores para evaluar, sino cuán peligrosa ha de ser la velación por la calidad instruccional a tenor de la tal "educación a distancia"!
En esta misma semana platiqué con un profesor de matemática en situación de desempleo. Para poder subsistir, él viene asesorando a estudiantes universitarios más que todo de carreras de ingeniería. Bien. Me confesó con profunda tristeza que las asesorías desaparecieron toda vez que lo que los jóvenes solicitan es que él "les resuelva" los exámenes que por Internet las tales universidades exigen para aprobar.
También conversé con una profesora jubilada que vende tesis posgraduales. No quise desarrollar con fluidez plática alguna con ella toda vez que el rechazo propio casi que me sentencia a bregar con la depresión.
Con el generalizado sistema de educación por Internet, la trampa se empodera al menos que se enarbole, por un lado, la bandera de la alta moral humanocétrica por parte del ente docente, el educando y la familia, y por otra parte, que los entes que ejercen poder efectivo eleven los niveles de conciencia.
Mientras tanto, las puertas del ordenador y de la trampa están abiertas ahora con refuerzo electrónico, en línea, virtual o como quieran llamarlo.
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Imágenes:
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