De nuevo con ustedes Comedy Open Mic. Gracias a los patrocinadores de este divertido evento. Un placer saludarles.
Me encantan las historias de niños, son tan espontáneos y sin doblez, siempre dicen lo que piensan, pasan por impertinentes, pero sencillamente son sinceros. Les presento un muchacho de unos siete años, el benjamín de su familia, y "los ojos de su mamá". Vivían en las afueras de una ciudad, en una sencilla casa con paredes de bahareque, (barro mezclado con paja), algo similar a la forma en la cual los judíos cautivos en Egipto elaboraban los ladrillos para las construcciones monumentales de los edificios del imperio; por tanto el color de las paredes de la casa del niño era de un tono entre anaranjado y marrón todo escarapelado pues al llover se caía la pintura y quedaba un aspecto nada atractivo.
La casa de bahareque de Pio.
Un buen día la mamá tenía que salir a Caracas a hacerse unos exámenes médicos y Pío se empeñó en que tenía que llevarlo con ella. Imaginen la muletilla, él le decía Pipa a su mamá. Día tras día "entonaba su canción": "Pipa, llévame a Caracas; Pipa ¿tú me vas a llevar a Caracas? Pipa, llévame a Caracas". Una verdadera tortura china, la gota de agua que horada la roca. Al fín, llena de hastío, la señora decidió llevarse al muchacho.
Resumiendo la historia, el chico se fue con ella. Pipa Llegaría donde su mamá y no tendría mayores problemas con él. Pasaron bastante días mientras ella se realizaba los exámenes y regresaron al hogar. Pío estaba feliz, la bella ciudad de Caracas le pareció maravillosa. Los grandes edificios y las hermosas casas le enamoraron.
Al bajarse del vehículo, Pio lanzó una gran exclamación:
"¡PIPAAA! Los muchachos si son malos, mientras estuve en Caracas
ME PELARON MI CASA!!"