Amor mío:
Estoy dando la última mirada a la casa. Son veinte años que se agolpan en un instante, es el deseo de decirte tantas cosas, y el miedo terrible, querida mía, al lugar común, al ridículo de las cursilerías que se dicen en estos casos, y que a mí, un escritor nada romántico, le vienen muy mal.
Aunque me permití iniciar esta carta con un “amor mío”, y más adelante, lanzo un “querida mía”, pienso que estoy justificado, porque en el género de la epístola no queda mal, y además nosotros nos dimos siempre esa licencia.
Cómo me gustaría pensar que podríamos tener otra oportunidad, y hasta me gustaría (debo confesarlo) que no fueras inteligente, que no conocieras mis trampas con la palabra escrita, y que doblegaras tu posición, víctima de un ataque de lástima producida por esta carta.
Cómo me gustaría que me quedara bien ir al bar donde siempre íbamos, pedir una cerveza y escuchar aquella canción de Julio Jaramillo que dice: “Esta noche tengo ganas de buscarla”.
¿Recuerdas lo que gritaba el vecino cuando la mujer lo dejó por otro? “¿Qué carajo tiene él que no tenga yo?”
Lamentablemente nada de eso me quedó nunca bien, y a esta edad mucho menos, amor mío.
Sin embargo, me permito escribir esta carta, para ti y para mí. Con tono y ritmo de cuento, tú sabes bien que no sé hacerlo de otro modo.
Te pedí por eso que no estuvieras aquí en el momento de recoger mis cosas y mis libros, para poder dejarla sobre la mesa como se hace en los cuentos, y que cuando la gente me vea salir piense que me voy de viaje.
Además, cómo empezar a recoger cosas delante de ti, eso sí sería cruel de verdad, si cada detalle de esta casa somos los dos.
Sé que no fue fácil para ti soportar tanto tiempo al lado de un escritor neurótico y desordenado. Un lunático al que no se le puede ni respirar cerca cuando está escribiendo.
Que buena has sido conmigo, ¡Mira que intentaste llevar las cosas!, pero creo que no haya nadie capaz de soportarme; bueno, al menos de vivir a mi lado tanto tiempo.
Adelante, amor mío; adelante, muchacha loca; adelante con esa fuerza incontenible que tienes. Me llevo tu olor, el perfume de las flores del jardín, la armonía con la que ponías todas las cosas.
Me llevo las noches interminables de café y poesía.
Me llevo tu voz leyendo en voz alta.
Me llevo el sabor indefinible de esas recetas que jamás aprendiste a preparar.
Me llevo los días en los que salíamos a beber hasta volvernos locos.
Me llevo tus mejores años, cuando creías en la utopía aquella.
Me llevo tu imagen maquillándote frente al espejo.
Y por último, me llevo a todos tus amigos.
Te dejo la amargura de haberte fallado.
Te dejo un perdóname que no sirve para nada.
Te dejo mi biblioteca que sí sirve de mucho.
Te dejo mi dolor de ser como soy.
Te dejo mi palabra de que te he amado profundamente.
Te dejo mi sudor buscándote por toda la casa.
Te dejo mi sombra en las sábanas y mi alma en tu cuerpo.
Algunos asuntos formales:
En el lugar de siempre hay dinero. Me llevo el diccionario enciclopédico y la caja de herramientas, aunque dejo algunas en la gaveta de arriba. Las llaves del carro están guindadas detrás de la puerta.
Traté de dejar todo ordenado, pero ya sabes que eso sería imposible.
, te felicito por la iniciativa de organizar este concurso. Sin duda, toda la familia de Steemit te lo agradece, pero mucho más los escritores que nos estamos iniciando en esta red. Si desean participar en el mismo, pueden hacerlo a través de la información contenida aquí. Suerte para todos.