Menuda mañana encontrándome en el puesto de trabajo; una oficina con paredes de cristal foto-cromáticas que permite ver sin que lo vean, cuando al ver pasar una compañera de trabajo que siempre camina en un viene y va, con movimiento de cadera capaz de espabilar a cualquier hombre. El contexto laboral mantiene unas normas muy estrictas en cuanto relaciones motivo por el cual he tratado de mantenerme al margen de la incitación pero muy difícilmente he podido ocultar la tentación, la comunicación entre ella “Josefina” y yo, no era tan fluida pero algo en el clima comunicaba lo contrario, una especie de atracción al límite de hacer explosión pero el resguardo ante el criterio de terceros que hacían vida a escasos metros opacaban los exaltaos.
Ese día conté las veces que Josefina paso frente a mis ojos del otro lado del cristal, furos 11 en total entre ida y vuelta, siempre perdiéndole la pista cuando justamente se conecta con el final de mi puerta momento en que agacho la mirada al ordenador para seguir con la rutina laboral. Fue en el Nº 12 que se supone regresaba a su lugar de trabajo cuando paso de largo, baje la mirada e inmediatamente volví a mirar a la puerta que abría “Vanesa” (amiga de Josefina), pero en el extremo de su mano derecha traía casi de arrastre a Josefina, y es Vanesa quien me dice “jefe tenemos que decirla algo importante” yo con los ojos pelados como si me fueran a echar colirio sin palabras solo me quedo hacer con un gesto que no había problema que lo haga.
Vanesa:- dile (diciéndole a josefina que me diga algo a mí)
Josefina:- no puedo
Vanesa:- si no lo dices lo digo yo
Vanesa:- lo digo yo entonces, “jefe josefina ha pasado todo el día tratando de tener la oportunidad de pedirle algo”
yo:(ya nervioso)- como que, en que te puedo ayudar
Vanesa:- ¡con sexo!
yo:(aún más nervioso)- “wuao si creo que más bien es ella quien me puede ayudar”.
Josefina:-“lo que usted me pida y cuando quiera”
yo:- perdona Sra. Vanesa que la estemos poniendo en esto
Vanesa: - “¿perdonarme? ¡No señor! me va a perdonar es usted, pero yo no me voy hasta ver lograr el cometido”, (mientras se paraba de la silla y cerraba todas las persianas, asegurando la puerta), “les juro que no voy a ver nada, solo voy a estar aquí para que piensen que estamos en reunión”, pero antes de sentarse pone de pie a Josefina para ayudarle diciendo “que esperas mujer no ves que ya el hombre esta listo”.
Yo con los dedos en los botones de la camisa, como en cámara lenta aún asimilando, pero sin quitarle la vista al acto descontrolado, cuando terminamos de desvestirnos ya sin pudor o vergüenza alguna, nos acercamos a darnos el primer beso y conectar nuestros cuerpos en modo erección… en pocos minutos mi boca y mi lengua habían probado todo su cuerpo, mientras ella solo probaba uno, no pude disimular el estado goloso en que había entrado, como un trence hipnótico que ambos contagiamos, entrando en su cuerpo encima de la parte más resistente del escritorio hasta juntos llegar a la alfombra para luego la sensación que eriza, cosquillea, libera, exalta, drena y aclama más en silencio.
Cuando empiezo a recobrar mi estado normal y expresar la felicidad con un sencillo beso en la frente a Josefina, es que veo a Vanesa paralizada, con sus manos entre las piernas tratando de ocultar la mentira de no haber visto nada. Y los tres no pudimos contener la risa…
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