Un Cálido Año Nuevo
Tras perder a sus padres, la única familia que tenía, Samuel se vuelve un niño desamparado, pues, aunque tras la pérdida de ambos fue llevado a un orfanato, el trato hacia su persona lo hizo abandonarlo y decidir vivir en las calles.
La vida era dura, a veces no conseguía que comer, sus vestimentas hechas trizas y en esas épocas era donde se sentía más la ausencia de sus padres, el calor de un hogar y el abrazo de una madre.
Esa misma noche buena, vagando acompañado solo del frío y la melancolía, se cruza con un hombre que lleva bolsas en sus manos y de donde se ha caído una manzana.
Samuel, a pesar de estar casi al borde por el hambre, llama al señor para entregarle la manzana caída; el hombre, al darse cuenta de la situación del niño y al percatarse del acto tan noble, le pregunta su nombre y decide no solo darle la manzana sino pedirle acompañarlo a su casa.
Samuel acepta la oferte, no tenía vestimentas lujosas y no era tan joven, pero su mirada le brindaba confianza.
Llegando el señor toca la puerta, y al abrirle lo reciben tres brillantes sonrisas, presentó a Samuel a los niños, y se adentraron a la casa, una mujer observa al hombre y luego a Samuel a lo cual sonríe pidiéndole sentarse en la mesa.
Minutos más tarde se encuentran comiendo y al terminar se juntan al lado de la chimenea a conversar, Samuel se siente extraño ante la situación por lo que pregunta el por qué se encuentra allí sentando y ellos brindándole alimento y calor, a lo que el señor responde que en esas épocas y a su corta edad necesita un abrazo para recordar que no está solo, pensando en eso y en la bondad del señor, al sonar las campanas Samuel recibe el año nuevo con alegrías renovadas.
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