Naruto es un anime que te deja enseñanzas muy útiles pero las que más me gustan son las que salen de las adversidades, ya saben, ese humo blanco de la nube negra a lo Sabina.
El combate es entre Rock Lee, un personaje que para ese punto de la trama no era alguien destacable de entre todos los demás, sin habilidades especiales, sin chacra (como una especie de energía vital) en lo absoluto, algo grave si quieres ser un ninja en ese mundo, ahí estaba, parado frente a Gaara, un personaje que para ese punto era todo lo contrario. Poseído por un demonio que lo dotaba de habilidades increíbles, con un chacra abismal y unas técnicas de combates que para su edad dejaban a cualquier prodigio como un mequetrefe.
Volví a ver esa pelea en esta etapa de mi vida, ya crecido, con criterio y un poco de marchitamiento post comunismo venezolano y quede maravillado con el final de esa pelea que, si bien Rock Lee la perdió, enseña lo mucho que puedes hacer cuando quieres persistir, no por creer en ti mismo, no porque así lo quiere el destino, Dios y los ángeles, no por leer 25 libros de Cohelo y el libro de autoayuda de J. Petterson sino solo eso, persistir, literalmente insistir, sin edulcorantes ni catalizadores humanos, insistir sin más.
Estos últimos años de mi vida han sido muy cómodos, sobre todo desde el ámbito laboral, personal e intelectual. Es algo fastidioso tener que lidiar con miedos después de un tiempo de inactividad en casi todos los ámbitos de mi vida, el sufrimiento, el esfuerzo, el sacrifico y sobre todo cultivarte intelectualmente, es lo que te aleja de trivialidades que hoy en día son tan cotidianas en las plataformas sociales, ya saben de lo que hablo, ese ego que nos consume a todos moldeado por unos algoritmos al alcance de tus dedos que sirven para bloquear todo aquello que no te guste o, en mi caso personal, me incomode. Esta es, quizás la palabra que define toda esta paja mental que me ando haciendo, incomodar.
Siempre he sido temeroso de fracasar, no soy partidario de eso que dicen de “los escudos que ocultan nuestra verdadera personalidad”, la manera como me desenvuelvo es lo que soy en parte, y vaya que en gran parte, pero sí creo que tenemos cosas que no mostramos por miedo o pena ajena. Supongo que eso de fracasar es uno de los miedos más comunes que tenemos todos pero me voy a explayar para desentrañar eso a lo que le temo ya que en muchas ocasiones eso de “fracasar” se queda pequeño, también porque quiero ayudar a cualquiera que tenga un miedo similar y que quizás le esté causando problemas y por otra parte (lo más importante) porque escribir me ayuda a desenmarañar todo aquello a lo que no tengo acceso cuando estoy en silencio en mi cuarto escuchando Frusciante o Radiohead mirando al techo.
Hace poco me salió una excelente oferta de trabajo, siempre soy de los que ve el lado positivo de las cosas pero siempre desde un lado cómodo, auto convenciéndome de que puedo con todo pero sin poner de mi parte ya que nunca pienso en cómo lograr las cosas, solo que las voy a lograr y ya. He vivido así por bastante tiempo, viendo siempre el vaso medio lleno, siempre viviendo de una apariencia que me impongo a mismo y para mí mismo (nunca para los demás), ¿es acaso entonces que afronto mis problemas, paradójicamente, como si se fueran a resolver solos? Quizás, no lo sé, al final tampoco pienso en los motivos por los cuales soy así hasta hoy que me genera un miedo tremendo fracasar en el susodicho trabajo. Un amigo me dijo una vez “el éxito está entre el culo y la silla” y a pesar de que siempre he creído en esas palabras nunca lo aplique, siempre viví de la improvisación y de, quizás, lo más peligroso, una conciencia light casi grosera para enfrentar cada aspecto de la vida.
Uno de mis más grandes fracasos - y que espero no llevar como una cruz para el resto de mí vida- es abandonar la universidad, creo que cualquiera que viva en Venezuela sabe que son más que entendibles las razones por las cuales se abandonan los estudios superiores, pero aun así pesa como un matrimonio a juro abandonar tantos años de esfuerzo, sudor y lágrimas. Los miedos y los prejuicios vienen, el peso se hace mayor cada vez que me martilla la cabeza la creencia casi fervorosa que tengo sobre eso de que estudiar te hace mejor persona; alguien más capacitado para afrontar los problemas simples y complejos y, por supuesto, verte como alguien de valor en un mercado cada día más competitivo. A veces me pregunto si la crisis que afronta mi país es la razón para irme o solo la excusa para alejarme de algo y seguir afianzando en mí ese maldito cáncer de creer que no soy suficiente para mí mismo y fracasar estrepitosamente.
En mi defensa creo que no es así, sigo tratando de irme por el auto estudio y siempre tratando de conseguir trabajo en el área que deje de estudiar en la universidad. Esto dio sus frutos, debo confesar que esa oportunidad se me dio más por mis habilidades sociales y lo “pana y buen amigo” que soy con mi círculo social que por mis dotes en el área mencionada pero coño, algo es algo, un logro es un logro mire por donde se mire y, más aún en mi defensa, quizás mis amigos vean una capacidad de la que yo mismo dudo constantemente (agarrándome de un clavo ardiendo o k ase).
Pero es igual, el miedo sigue, no te mentiré que en las miles de oportunidades que salieron me paralice y preferí huir y decir que no podía cuando ni siquiera lo había intentado, el miedo a fracasar era grande y mi nivel de cinismo era tal que prefería inventarme mil y una excusas para mí mismo con tal y evadir ese sentimiento edulcorándolo hasta el punto de no saber muy bien porque le huía a los trabajos en primer lugar. Aun así –y por primera vez- aquí estoy, tratando de sacar la pata del barro.
No me siento mejor ni trato con esto de dejar alguna moraleja bonita, ya sabes, de esas estupideces que te venden en los libros de auto ayuda like “si lo piensas lo tienes” o la mamahuevada arquetípica de “gracias a la medicina sistémica [agregue algo bonito]” del coño. En lo que a mí concierne sigo estando en un pozo del que aún no sé cómo salir pero que por primera vez estoy tratando con todas mis fuerzas de escapar de allí, no convenciéndome de que puedo, esa mierda lo hago cada 5 putas minutos, ni dándome unas palmaditas de “aunque sea inténtalo”, no, solo estoy aquí sentando, tratando de entender de qué va este nuevo trabajo, buscando, preguntando, queriendo o, por convicción, tratando, de responderle a mi cerebro ese “no entiendo” y salir al ruedo, no importa que tanto coñazo este recibiendo de mí mismo con ese maldito mantra de “Yo puedo con esto” traducido en “no voy a hacer nada”, sigo porque quizá esa sea la solución, seguir más por convicción que otra cosa, a lo Rock Lee.
Por eso quizás esa alusión al final de esa pelea. Es muy probable que no esté a la altura del trabajo, incluso puede ser que mis capacidades no dan para eso pero por primera vez no estoy tratando de quitarme la cobardía, por primera vez estoy dejando que este allí, invadiendo y jodiendo todo lo que quiera, pero siempre insistiendo que puedo con esto y que si fracaso una vez más quiero que sea como Rock Lee, de frente y peleando, no huyendo de las peleas antes de que empiecen siquiera.
No sé si esto funcione, incluso no sé si esto que estoy escribiendo sea otro mojón mental más que me meto en la cabeza solo para maquillar el fracaso que soy pero, una vez más, esta vez no me voy a quedar de brazos cruzados, sigo insistiendo así sea la insistencia lo que quede.
No te tengo ningún discurso o final bonito, creo que estoy cayendo en lo que caen todos los libros de motivacion, diciendo el que sin explicar el como. No tengo argumentos para decirte como debes insistir, solo que lo hagas dentro de tus capacidades y, como no, necedades. Si viste Naruto sabrás que, de buenas a primeras, Rock Lee tenía esa batalla perdida, pero supongo que cualquiera en la posición de ese personaje preferiría mandar a comer mierda al mundo y, lo más importante, a todo lo malo que tiene como persona y que lo frena con tal y probarse a sí mismo que puede lograr las cosas, aun así le sigan pesando como un borracho desmayado la ansiedad y el miedo.
Yo por mi parte creo que seguiré con ese miedo el resto de mi vida, envidio a aquel que no tenga esa cruz a cuestas pero, por lo menos para mí, huir no era una opción sino una decisión, hoy comienzo con el “siéntese, cállese la jeta y póngase a hacer esa mierda” como un mantra, así, a lo niño chiquito, ya veremos si esto funciona.